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REDES SOCIALES

Todo algoritmo es político

¿De dónde surgen los mecanismos que nos llevan a pasar horas frente a las pantallas y cómo nos posicionamos frente al monopolio de los algoritmos?

Jueves, 8 Octubre, 2020
Todo algoritmo es político
Nazareno Lanusse, becario de la CIC.

Por Nazareno Lanusse*

Las ciencias sociales han obtenido en los últimos años avances notables con respecto al estudio de las redes digitales y su funcionamiento. En un principio las investigaciones orientadas desde la antropología y la sociología trabajaron con enfoques esperanzadores acerca de las nuevas plataformas de conexión, ya que se las veía como una forma de reforzar identidades en jóvenes, una herramienta de poder ciudadano, o hasta un mecanismo que permitía eludir a los medios de comunicación tradicionales para instalar temas en el debate de la agenda pública.

Más adelante, las investigaciones siguieron su curso y encontraron una postura teórica mucho más crítica. Amenazas como el grooming, y el principio de los trolls y bots, pusieron en alerta a las diferentes especialidades, dando lugar a estudios con una visión corporativista, la cual entiende que las redes no son precisamente una herramienta de construcción ciudadana, sino más bien un instrumento de dominación extra, dentro del sistema mediático de poder en el que está inmersa la sociedad.

Si bien ninguna de las dos posturas fue siempre tan determinante y en todo momento existió y existe un diálogo recíproco entre ambas, la breve exposición de sus principales postulados ayuda a comprender la situación actual. Hoy en día, las ciencias sociales tienen en claro que las redes no son neutrales a la hora de producir sentidos, todos sus algoritmos tienen una finalidad política, comercial, económica, y si bien sus lógicas de funcionamiento ayudan a difundir y propagar mensajes en la población, estas no dejan de ser una herramienta que responde a los intereses de grandes corporaciones multinacionales.

 

Polarización, agenda colectiva y framing

Se conoce que hacia dentro de las redes sociales se replican las jerarquías que vienen de afuera de la red, especialmente en el análisis de eventos políticos. Muy pocas cuentas generan un gran porcentaje del contenido circulante y la mayoría de estas se dedica más a compartir que a crear contenido propio, dando lugar a uno de los procesos más estudiados en comunicación política: la polarización. Al mismo tiempo, como estrategia metodológica se aborda mayoritariamente a Twitter como caso de estudio, ya que, por su política de datos abiertos, permite extraer de manera sistemática gran cantidad de información que luego es analizada de manera cualitativa y cuantitativa con diversas técnicas y métodos.

Otro de los fenómenos que han despertado el interés de los estudios sociales es el vínculo entre las nuevas plataformas digitales y los medios de comunicación. El mecanismo clásico de agenda setting, a partir del cual se les atribuía a los medios tradicionales gran capacidad de definir el grado de importancia de los temas de debate, puede verse relegado -siempre dependiendo del caso de estudio- por un modelo de construcción de agendas colectivo o agenda melding. Principalmente, cuando se estudian el interior de las comunidades que discuten de manera polarizada en redes, allí dentro es donde los medios tradicionales se fusionan con la burbuja en la que habitan y ceden parte de su histórico protagonismo para construir con otras cuentas las temáticas sobre las cuales debatir.

En ese sentido, cobra una importancia preponderante el papel de las estrategias de encuadre comunicacional o framing, entendidas como el ángulo desde el cual se construye una noticia, cómo es presentada determinada información apuntando a activar mecanismos psicológicos que influyan a la hora de tomar una posición o decisión determinada por parte del público. Muchas cuentas en redes sociales ya poseen un encuadre político determinado y elaboran estrategias de polarización en pos de propagar sus mensajes, recurriendo a dimensiones afectivas que nos interpelan y producen la denominada activación en cascada de encuadres, y/o viralización de contenidos. El mejor ejemplo de esto son las fake news, las cuales no sólo son noticias con información no verídica, si no que persiguen el objetivo de desestabilizar políticamente al enemigo, mientras que alinean la tropa propia.

 

Burbujas de información y la cámara de eco

A la hora de pensar la relación entre redes sociales y ciudadanía, o el accionar de las mismas en la opinión pública, las conclusiones se dirigen con claridad en una dirección. Las personas consumimos y producimos contenido al mismo tiempo, pero, sobre todo, estamos expuestos a grandes niveles de polarización. La lógica algorítmica nos encierra en burbujas de información, donde recibimos y procesamos información en función de las creencias ideológicas y del grado de conectividad con nuestros pares en línea. Al mismo tiempo, estos filtros de burbuja, funcionan con la variable de cámara de eco, debido a que todo lo que sale de allí tiene estrecha relación con lo que ingresó, por lo que caminamos todo el tiempo por un barrio digital por el que es casi imposible cruzarnos con personas que sean de otro barrio, en definitiva, personas que piensen y consuman distinto.

De esta manera, sin intercambios con posturas contradictorias, permanecemos más tiempo frente a las pantallas y aseguramos el éxito de las plataformas, que mantienen a la sociedad aferrada a sus fines comerciales. Los algoritmos construyen cámaras de eco y burbujas de información que moldean nuestra identidad digital produciendo y reproduciendo contenidos sesgados, logrando que prácticamente sin darnos cuenta, no nos relacionemos con información incómoda, o que ponga en cuestionamiento nuestros valores mientras scrolleamos. En términos de Foucault, el poder se ejerce, no se sabe quién lo tiene específicamente, pero sí quien no lo tiene, por lo tanto, entre tantas herramientas digitales y mecanismos de propagación de mensajes, está bien claro que el poder en las redes sociales no es propiedad de la sociedad y/o ciudadanía.

¿Y entonces? Bajo la premisa de sumar algo de optimismo, proponemos a modo de ejercicio cartesiano, tomar la duda como método. Si dudamos de todas las informaciones que recibimos, por más que sean exactamente coincidentes con nuestras creencias previas, estaremos poniendo un primer freno a la distribución de informaciones con intencionalidades negativas. Chequear es gratis, y si cada persona demanda mayor calidad informativa, indefectiblemente la oferta deberá mejorar.

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*Becario doctoral CICPBA. Cursa el Doctorado en Ciencias Sociales FAHCE-UNLP. Integrante del Centro de Investigación y Capacitación en Estudios de Opinión Pública (CICEOP) de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.