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50º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

Palabras del Gobernador Kicillof durante la presentación de su libro "De Smith a Keynes. Siete lecciones de historia del pensamiento económico"

Sábado 9 de Mayo 2026

Empiezo por el principio, agradecer a todos los presentes, a la editorial, a Carlos Díaz y a los invitados. Es un panel desafiante, interesante. Vengo de Córdoba, un montón de actos políticos, mucha hinchada, mucha efusividad. La idea hoy es presentar el libro, es un género un poco distinto.

Luego, contar un poco del origen de este libro. Este libro tiene 15 años, la primera edición la publicó EUDEBA, pero en realidad tiene una elaboración muy prolongada. Se llama Siete lecciones, es un curso de historia del pensamiento económico para no economistas. Originalmente también, creo que en sus primeras versiones, fue parte de un curso que dimos en FLACSO [Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales] con Basualdo en una maestría, pero era un curso introductorio, no para especialistas, sino para gente que venía de otras disciplinas, de otras profesiones, con otra formación. Así que es un curso para no economistas, de historia del pensamiento económico.

Y acá viene lo otro que creo que es fundamental: es un curso que surge de una reacción, de un enojo, de una rebelión —por llamarlo así— de la época en que yo era estudiante, aún antes de ser docente. En la época en que yo era estudiante de Economía, en la década de los 90, se enseñaba economía en base a una teoría económica oficial, ortodoxa, una hegemonía en teoría económica de una sola escuela de pensamiento. Y yo, como estudiante —más adelante como docente también— junto con otros, con los que eran de mi camada, mi generación, no estábamos muy de acuerdo con lo que nos enseñaban. Sigo sin estar de acuerdo con esa escuela de pensamiento. Pero en aquel momento, como estudiante, me empecé a dar cuenta, no era tan difícil tampoco, de que nos enseñaban una sola escuela de pensamiento.

Y esa escuela de pensamiento, eso puede ser porque también puede haber una orientación de una carrera, tenía una particularidad: era como un secreto, era algo oculto, era algo clandestino. Nos enseñaban economía de una sola escuela, pero nos decían: ”no, esto no es lo que piensa determinada vertiente, determinados autores, esta es la verdad. Lo que te estamos enseñando es la economía”. La economía oficial era la economía verdadera, la consagrada, la que estaba comprobada. Y en aquel momento, en los 90, además coincidía con el pensamiento económico de aquella época, que orientaba a las políticas económicas en la Argentina. Cavallo era el ministro de Economía, la convertibilidad, Menem Presidente. Y esa escuela de pensamiento, además era la teoría oficial que se aplicaba en la Argentina y —casi me animo a decir— en casi todo el planeta. Era la época del Consenso de Washington, era la época del neoliberalismo en su esplendor. 

Y a mí lo que me preocupaba como estudiante era que te querían convencer de que la Economía era prácticamente una ciencia natural, que funcionaba como las Ciencias Naturales. Que el pensamiento económico partía de una teoría, o partió históricamente de una teoría, por ejemplo la de Smith, se trató de comprobar si esa teoría era verdadera o falsa, como si fuera alguna teoría, por eso decía, de las Ciencias Naturales, se trató de comprobar con experimentos, con la práctica, si era verdadera o falsa, se demostró que tenía cosas falsas. Entonces se la fue sustituyendo por otra teoría, más verdadera todavía, mejor. Como una especie de darwinismo teórico, como si la economía funcionara así.

Y, entonces, lo que estábamos estudiando en aquel momento, producto de esta evolución, de este progreso científico, de esas mejoras de la teoría, cuando nos enseñaban, lo que nos enseñaban ya estaba demostrado que no había nada mejor. Y si había algo anterior, se había descartado simplemente porque se mostró que era falso. Obviamente, esta noción de la economía como algo que evoluciona o progresa en base a pruebas, errores, sustituciones y mejoras, estaba, esta forma de enseñar la economía, y esa economía, repleta de ideología. Y la discusión que dimos en esos momentos, me parece que tuvo su influencia también en cómo nos formamos, y después cómo enseñamos economía. Ya en este momento éramos graduados o profesores, y lo que queríamos sostener, lo que sosteníamos es que la economía no es una Ciencia Natural; y que no hay una sola escuela de pensamiento, la verdadera, que le ha ganado o ha triunfado frente a otras escuelas, otras teorías, que eran falsas, que eso no era así.

Que teoría económica y en economía hay discusiones, debates, polémicas entre diferentes escuelas de pensamiento, no una sola que es verdad, sino diferentes escuelas de pensamiento. Y esas escuelas de pensamiento, además de tener versiones, teorías y explicaciones distintas, suelen representar perspectivas distintas. Y me animo a decir intereses distintos también. Si una escuela de pensamiento se impone y se enseña como la única verdad, puede ser, es muy probable, y en general es porque esa escuela de pensamiento está acorde, sostiene o acompaña determinados intereses. Si fue la escuela dominante —y en los 90 había una escuela de pensamiento económico dominante—, era porque debía estar en consonancia, aportar y acompañar a esos intereses. 

La economía no es una discusión de verdades o falsedades que se demuestran en experimentos. Entonces, este libro lo que marca es precisamente eso: que no se puede enseñar economía y no se le debe enseñar economía a los estudiantes en base a una sola escuela, que es la que está de moda o la que se impuso en determinado momento. Que hay diferentes escuelas de pensamiento económico, que esas diferentes escuelas de pensamiento tienen teorías distintas, que esas teorías distintas representan, además, perspectivas e intereses distintos. Y que, entonces, enseñar economía requiere pluralismo. Este libro nace porque con muchos compañeros nos pusimos a estudiar a los autores originales de las diferentes escuelas de pensamiento económico y nos encontramos con que lo que nos enseñaban era una estafa. 

Y producto de esa comprensión, yo, por lo menos, llegué a la conclusión, no solo de que la enseñanza de economía es distinta, debe ser distinta, sino, además, de que la escuela de pensamiento que nos enseñaban, y que todavía se enseña, representa los intereses de la clase dominante, de las corporaciones, de determinados grupos, poderosos, y que por eso también se enseña con manuales. Estos manuales son una fábrica que se produce, en general en el extranjero, que nos quieren hacer creer que la única economía que existe y la única verdad es la que le conviene a ellos.

La primera conclusión es que la Economía no es una Ciencia Exacta, no es una Ciencia Natural, es una Ciencia Social. Y que, como tal, expresa la disputa entre diferentes intereses y sectores sociales.

Y lo último que quiero decir de esto, para pasar la palabra, es que, como decía Jauretche, nos enseñan economía y quieren que pensemos que la verdad es eso que nos dicen. Observen hoy, que nos quieren hacer creer que puede ser que Milei ya haya fracasado, no sirva, sea agresivo, esté rodeado, pero que las teorías, buena parte, y sobre todo las políticas de Milei, están bien, que es lo que hay que aplicar. Entonces, yo contra eso, como decía Jauretche, digo, nos quieren ir a hacer entrar al almacén con el manual del almacenero. Nunca te va ir bien. 

Entonces, para mí, lo más importante de la reedición de este libro es comprender que hay también otra economía, que no es la oficial, que defiende y piensa en los intereses de las mayorías de los trabajadores. Acá hay muchas escuelas de pensamiento, pero en la Argentina, si me permiten, se llama peronismo eso.

 

 ¿Qué es lo que diría John Maynard Keynes de lo que está pasando en la Argentina? Difícil, ¿no? Porque era una persona que además de saber teoría, tenía realmente una inclinación por la estética muy grande, era coleccionista, era un gran escritor y, además, sabía mucho de cuestiones bursátiles. La verdad que Keynes si ve lo que está pasando en la Argentina se vuelve a morir.

Creo que acá la idea de preguntarse qué puede aportar la teoría económica a la comprensión del presente, o de la economía argentina actual, o del mundo actual, es recontra pertinente, porque tenemos en la Casa Rosada un tipo que aparenta saber un montón o se quiere hacer pasar por teórico, o por por economista científico, o por especialista en algo, se la pasa recibiendo premios desconocidos y además apelando a ese supuesto saber para llevar adelante una política que no tiene explicación desde el punto de vista conceptual, porque lo que hemos visto estos últimos dos años y pico es algo absolutamente acomodaticio, cambiante, contradictorio. En materia de política monetaria, de política fiscal, incluso, todo muy ecléctico y con resultado desastroso. 

Pero para hacer una intervención bien desde la mirada que podríamos decir que Keynes tuvo, primero, era un economista que siempre intervino sobre los problemas más importantes de su época y le tocó vivir una época llena de turbulencias. Keynes se hace famoso, no con el libro más famoso de hoy, que es la Teoría General, sino con un libro anterior de 1919, que se escribe después de la Primera Guerra Mundial. Keynes participa de la delegación británica que va a discutir la paz de Versalles, que es cómo se dirimió entre las grandes potencias ganadoras de la Primera Guerra Mundial qué hacer con los perdedores, particularmente con Alemania. Y Keynes, representando Inglaterra, hace un libro también muy disruptivo: Las consecuencias económicas de la paz donde, básicamente, denuncia el desastre que están haciendo las grandes potencias después de la Primera Guerra Mundial.

Y se hace muy famoso también, por algo que, en perspectiva, después se valora muchísimo, que es que algunos dicen, y me parece que está bastante bien, que predice dos cosas que pasaron después del 19: una es la hiperinflación y otra, lo que va a ser después la Segunda Guerra. Él dice que si se le imponen a Alemania costos altísimos —lo que eran las reparaciones, lo que fue una especie de indemnización que le obligan a pagar por la guerra que llevó adelante y perdió—, al pueblo alemán, en Alemania, lo que va a surgir es el resentimiento, el enojo. No es que le pone nombre de Hitler ni de Segunda Guerra Mundial, pero es probable que después reaccione el pueblo alemán, y que termine esto en otra guerra más. Algo premonitorio de Keynes. Pero lo más interesante, porque Keynes se opone a su propio gobierno, renuncia, se va y publica este librito que se hace muy famoso y que critica lo que hace el gobierno. Después, de nuevo, en la década del 30 aparece discutiendo la Crisis del 30. 

La Teoría General, lo que tiene que ver con el otro libro, es un poco una reacción a la Crisis del 30; una respuesta, una explicación y propuestas después de la Crisis del 30. Y después, otro momento del protagonismo, Keynes muere en el 46, pero otro momento del protagonismo es en la discusión de la segunda posguerra, Bretton Woods. Los organismos multilaterales, incluso las Naciones Unidas podríamos decir, en parte, pero ni hablar, el Banco Mundial, el Fondo Monetario, todo el orden de la segunda posguerra también tiene la pluma y las ideas de Keynes. Es un economista que miraba su época, leía las transformaciones o trataba de explicar las transformaciones que estaban ocurriendo; hacía un análisis y, si hacía falta, tiraba a la basura todo lo que había defendido hasta ese momento y decía, “tengo que cambiar de idea, tengo que cambiar de teoría” y lleva adelante no una, sino varias revoluciones teóricas. Una de las más importantes, a nivel de pensamiento económico, el keynesianismo, que surge con la Crisis del 30 y la Teoría General. 

Keynes vio que durante y después de la Crisis del 30, hay años y años de desempleo muy alto, no en cualquier lado, en los países centrales;  y no en cualquier país central: en Inglaterra, que en aquel momento era el centro del mundo, el imperio más importante, la primer potencia mundial, que luego va ser desafiada y superada por los Estados Unidos. Pero, Keynes dice, “miren, acá hay desempleo, y el desempleo no es que dure un año, dos años, que tiene que ver con la crisis y después se supera, sino que dura, dura y dura”. En el 35, cuando más o menos termina la Teoría General, llevan cinco años de tasa de desocupación mayores al 10 por ciento. Eso no se había visto nunca. Y plantea: ¿qué dicen los economistas, la economía oficial? —que, entre paréntesis, es la que todavía hoy se enseña—que tampoco es la austriaca. Pero, ¿qué dice la economía oficial sobre el problema de desempleo? ¿Cómo se soluciona el desempleo?

Y la respuesta era, en aquel momento: el desempleo, la desocupación, es algo que el sistema, el mercado, si me permiten, soluciona solo. ¿Qué hay que hacer si hay mucha desocupación? ¿Qué hay que hacer para curar esta dificultad? Que dicho sea de paso, para Keynes era un gran peligro. Keynes no era ni socialista —hay que explicarle a Milei— ni comunista, ni socialista, más bien, tirando a lo contrario. Entonces, dice, ¿qué va a pasar si durante años y años y años sigue habiendo desocupación y lejos de solucionarse solo por la mano visible, por los mecanismos de mercado automáticos, sigue y continúa? ¿Qué va a pasar? Lo más probable es que las víctimas de la desocupación decidan cambiar las cosas, como pasó —y lo dice prácticamente de manera directa— en 1917 en Rusia. O sea, si no tratamos de solucionar esto de otra manera, va a explotar. Y hay desocupación. ¿Y qué dicen los economistas? ¿Qué dice su profesión? “Se soluciona por las leyes económicas automáticas que operan. No hay que hacer nada”. Keynes se rebela contra eso.

La revolución keynesiana tiene mucho de eso. Si hay alguna explicación al desempleo que tenga que ver con la teoría ortodoxa, el culpable del desempleo es el que sostiene los salarios demasiado altos. ¿Por qué el mercado de trabajo? ¿Por qué los empresarios no contratan? Dice la teoría que Keynes ataca. ¿Por qué no contratan? Y, porque los salarios son demasiado altos; y como los salarios son demasiado altos, a los empresarios, a ese nivel salarial no les conviene seguir contratando. Resultado, y esto en la Argentina es bastante recurrente y bastante frecuente que aparezca una y otra vez: la desocupación es culpa de que los salarios no bajan. ¿Culpa de quién es que los salarios no bajan? De los sindicatos, de los trabajadores.

Así que lo que hay que hacer es una ley de reforma laboral —¿no sé si les suena?—, que permita que los salarios bajen todo lo que tengan que bajar hasta alcanzar la plena ocupación. Keynes dice  —palabras mías, pero no muy lejanas— si decimos eso, nos matan. Porque las víctimas de la desocupación vendrían a ser los culpables de la desocupación. ¿Y cómo se le soluciona? Bajándole los salarios que ya están suficientemente bajos. Entonces, ante esto reacciona Keynes y tira a la basura, toda la teoría anterior que él mismo enseñaba, y de la que era un exponente principal. 

Hoy tenemos una situación de estancamiento, hay recesión, no mejora. Y, entonces, ¿qué responde? ¿Qué responde Keynes ante este problema? Dice: “acá lo que falta es inversión”. Sin abonar a una Escuela Austriaca o más liberal que dice que el ahorro es lo que genera inversión, lo que dice es “acá no se invierte porque los empresarios, los capitalistas, el capital para invertir tiene que tener certeza que va a recuperar la inversión con ganancia”. Como hay incertidumbre, plena Crisis del 30, aunque esto me hace acordar también a lo que le dice el propio Caputo a los empresarios —circulan ahí las filtraciones de lo que les dice a los empresarios—’ “¡Loco inviertan! Estamos haciendo todo para ustedes. Y no invierten. Desagradecidos. Malvados ¿Qué más podemos hacer? Porque ya nos hemos bajado todo lo que no podíamos bajar. Le regalamos tal cosa, tal otra, y los empresarios no invierten”. 

¿Qué diría Keynes? Que no invierten porque no saben lo que va a pasar, no con el riesgo kuka, con lo que va a hacer Milei. Acá el riesgo que hay en la Argentina es el riesgo Milei, que sigue haciendo las cagadas que está haciendo. Pero, entonces, ¿cuál es la respuesta de la Teoría General? Si los empresarios, por un motivo o por otro, no quieren invertir o no invierten lo suficiente, y es la inversión lo que genera demanda y la demanda lo que genera producción, y la producción lo que genera empleo, entonces hay que buscar otra forma de invertir. Y propone que sea el conjunto de la sociedad, representado por el Estado, el que en un momento, no siempre y no en cualquier circunstancia, ni emite infinito, ni baje la tasa de interés, ni manipule, sino que cuando hay estancamiento prolongado que no se soluciona, que entonces aparezca el Estado con la obra pública o con diferentes mecanismos y ponga a funcionar la economía que está parada. 

Entonces, en la Teoría General, básicamente, lo que dice es que si hay desempleo, si hay desocupación, si hay estancamiento, no es culpa de los trabajadores que piden demasiado y trabajan poco, sino de un sector de los empresarios que decide no invertir porque tiene incertidumbre, porque tiene dudas, porque tiene expectativas inadecuadas. Y entonces eso traba el proceso económico. ¿Qué diría Keynes? La desocupación, el desempleo, que la gente, el salario… Miren esta paradoja: los salarios están bajísimos y no hay más contrataciones. ¿Qué diría Keynes? Que esto es un desastre, y lo que hay que hacer es solucionarlo. El que tiene que solucionarlo es el Estado, en representación de los que más necesitan, de los que menos tienen, y del interés nacional. 

Para concluir, obviamente la inversión pública, la obra pública, es un espanto todo lo que está pasando en la Argentina, inédito. Y la verdad es que un país sin empleo, con bajos salarios, con condiciones cada vez de más desprotección a los sectores populares, es un país asqueroso en el siglo XIX, en el siglo XX y en el siglo XXI. Acá lo que se necesita —y ahora lo dejo a Keynes tranquilo— es cuidar el trabajo, cuidar el salario, es cuidar a los jubilados, es cuidar a quienes tienen discapacidad, es garantizar la educación, la salud. Y la teoría económica sirve mucho, pero alcanza con sentir que te importa el que está al lado, que te importa tu país, cuidar la soberanía.

Así que termino convocando también a defender la universidad pública el martes que viene. Producción, trabajo, salud, educación, cultura, libros.

Muchísimas gracias.