facebook
CASA DE GOBIERNO

Palabras del Gobernador Kicillof durante una reunión con gremios de trabajadores estatales

Miércoles 27 de Agosto 2025

Compañeros, compañeras, primero gracias por las palabras de todos, cuando a uno le tocan lugares de tanta visibilidad y exposición, también arriesga mucho colectivamente, individualmente, así que seis años después de haber asumido el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, escuchar estas palabras de ustedes me llena de orgullo, gracias.

Segundo, algunos comentarios generales y un pedido. Los comentarios generales sobre los que no voy a abundar, pero sí me parece que hace falta repasar un poco cuando asumimos y alguno lo recordaba, veníamos de una etapa oscura, nefasta, donde gobernaba una derecha en la Nación y en la Provincia, donde gobernaban Macri y Vidal que tenían un programa económico y un objetivo parecido al del Gobierno actual. Yo creo que en su esencia forman parte de la misma familia, de posicionamientos políticos, ideológicos e históricos y de los intereses que representan, pero hoy tenemos una fase superior, por decirlo así, de la derecha gobernando la Argentina, que además está con Milei involucrada, forma parte de una suerte de secta, de una internacional de la ultraderecha en que Milei participa con otros gobernantes, otras expresiones políticas, incluso en otros continentes, otras latitudes, pero que Milei viene a ser su máxima expresión.

No creo que a manera de ideólogo ni a manera de organizador, sino como una suerte de bufón que anima los espectáculos de la derecha y la ultraderecha internacional. Yo estoy convencido de que Milei ni es el ideólogo, ni es el fundamento, sino que más bien es la cara visible, una especie de payaso que le sirve a ellos para decir las cosas más absurdas, ridículas y extremas que no se animan a decir incluso otros de los exponentes de nuestra derecha internacional, lo cual nos pone como país en una situación, diría de ridículo e incómoda que nos tiene a todos muy preocupados.

Hablé estos últimos días por los hechos que ocurrieron acá con un espectáculo deportivo con el presidente de Chile. Por ejemplo, ayer estuve en el bicentenario de la República Oriental del Uruguay y nos miran con pena y con lástima por el presidente que tenemos. Somos, la verdad y lamentablemente, una suerte de hazmerreír a nivel internacional. Nadie puede creer que en la Argentina tengamos a este sujeto como máxima figura institucional. Lo digo porque a veces uno pierde la dimensión de lo que está pasando. Nos dan palmaditas, nos dicen, “¿qué pasó en el país de los derechos, del peronismo, que ahora el que los representa es Milei?” Cuando asumíamos después de Macri y de Vidal, lo hablé con ustedes entre los primeros días cuando nos reunimos acá en la Casa de Gobierno, una situación que no venía pasando, no solo con gobiernos como el de Vidal, sino que tampoco venía pasando en gobiernos del campo popular.

Yo dije, en aquel momento, que íbamos a tratar de generar una mesa de trabajo permanente entre el Gobierno y los representantes de los trabajadores de la Provincia con un objetivo que quiero rescatar en este momento y que no era simplemente la recuperación salarial, que obviamente es importante, las cuestiones que tienen que ver con las condiciones de trabajo, con la conformación del salario, con las paritarias ajeno al tema de los sueldos. Mi propuesta, en aquel momento, era más profunda y política. Era una invitación a los sindicatos, a los gremios estatales de la provincia de Buenos Aires para trabajar en conjunto, de cara al pueblo de la provincia de Buenos Aires. El papel del Gobierno y del Estado en relación a la sociedad y a los y las bonaerenses.

Yo decía que lo más grave de todo esto es que la derecha intenta enajenar al Gobierno y al Estado de la sociedad y del pueblo. En aquel momento —yo decía— quieren convertir al Gobierno y a sus diferentes áreas y a los trabajadores, particularmente, en un enemigo del pueblo y de la sociedad, enajenar y convertirlo en algo opuesto que los oprime y que los perjudica.

Sobre esto hay diferentes etapas y diferentes consideraciones, pero hay un elemento simbólico muy importante y cultural. El Estado hoy, en palabras de Milei, forma parte junto con los trabajadores, la dirigencia, la política, los partidos, de algo que ha denominado en general como la casta. La casta es también un trabajador del Estado, que aparece como algo extraño y privilegiado contra los trabajadores en general, contra el sector privado, contra las familias, contra el laburante, contra los sectores vulnerables.

Hay que tener la mirada bien puesta en esta situación porque creo que forma parte de una de las palancas ideológicas más importantes que tiene la derecha para destruir la soberanía, el proyecto de país, para destruir capacidades, potencialidades del desarrollo nacional. Convertir al Estado, a los trabajadores del Estado, a la política y a los dirigentes políticos en algo extraño, aparte, ajeno y, además, que se convierte en un instrumento de opresión sobre el pueblo. Es una maniobra que por ser bien antigua no deja de ser eficaz y de tener momentos de mucha creatividad.

Les pido que reflexionemos sobre esto en el marco de una campaña electoral. Parece que la sociedad no está dividida ni en clases sociales, ni en opresores y oprimidos, ni en intereses económicos, sectores de poder, corporaciones contra el pueblo, sino la política y el Estado contra los comunes. Entonces, generan una ficción de disputa que Milei ha puesto en estas palabras –obviamente no es invento del presidente, sino que viene de otros lados y de otras teorías–: la casta contra la gente. En vez de ser el poder económico, los sectores concentrados, los explotadores contra los explotados, genera una subversión y una reconfiguración del conflicto histórico y lo pone en otro eje. Y termina generando una suerte de gesta donde las familias, ellos dicen, “la gente de bien” se enfrenta al Estado, a los políticos, a los sindicalistas, a los trabajadores estatales y entonces es esa la disputa que tienen que dar. Tienen que acabar con la casta, entendido de esta manera. Creo que nos llevaron a la elección del 23, por lo menos a nivel nacional, con ese discurso.

Y por más que hoy, en perspectiva del último tiempo, en este año y medio, creo que esa fundamentación, esa narrativa se está deshilachando, por no decir, se está cayendo a pedazos. Milei como representante de la gente de bien contra la casta hecha de políticos, de trabajadores y del Estado mismo, que Milei vino a destruir como un topo con la motosierra y que supuestamente el ajuste no es contra los jubilados, los discapacitados, la universidad, los estudiantes, la ciencia, la cultura, el arte nacional, la soberanía, sino que la motosierra es contra la casta, el Estado, sus trabajadores.

Hoy, me parece que ese espejismo se está disipando. Pero eso no quita que haya una porción, todavía, de nuestro pueblo, de diferentes sectores, incluso particularmente de la juventud, de los jóvenes, que no estén todavía tomados por este espejismo. Que es: su guerra y su lucha es contra la política, los políticos, el Estado, sus trabajadores, los funcionarios. Creo que ha habido un momento, que ha tenido un momento de auge ese discurso y que lo puso a Milei en la presidencia.

Cuando nosotros asumimos acá, veníamos de un gobierno de esta familia ideológica pero distinto, no era tan extremo, tan literal, tan absurdo, tan bizarro, tan extraño, pero formaba parte de esta ideología. A veces no lo decían con desparpajo, pero lo hacían. Entonces, nosotros tuvimos un Ministerio de Trabajo, un Ministerio de Economía en la época de Vidal y Macri que era ajustador de reducción presupuestaria, de recorte y un Ministerio de Trabajo que se convirtió en una Gestapo para perseguir a los dirigentes sindicales, a los dirigentes políticos. No hay que olvidarlo, aunque en la provincia de Buenos Aires se respiren hoy otros aires y estemos en otras discusiones, no hay que olvidarlo, quisieron cerrar el Astillero y privatizarlo, quisieron eso, reducir y lo hicieron, salarios, destruir derechos, achicar también las diferentes dependencias del Estado en términos de cantidad de trabajadores, lo hicieron.

Voy a tomar un extremo, porque como no están sindicalizados, paradójicamente a veces se vuelven presa más fácil de este tipo de ajuste, que son las fuerzas de seguridad. Hubo en promedio, durante el gobierno Vidal, una reducción salarial de, aproximadamente, el 20 por ciento. Con algunos sectores del Estado más ajustados y otros menos, en promedio un 15 o 20 por ciento. Pero a los que más salario le sacaron fueron a los policías, a los agentes de la Policía, un 32 por ciento, los que más sufrieron el ajuste. Claro, esta es una historia a veces oculta y compleja, pero como las fuerzas de seguridad tienen prohibida toda expresión sindical fueron, paradójicamente , porque son gobiernos que se llenan la boca hablando de la importancia de la seguridad, de la inversión en materia policial. Les sacaron los instrumentos de trabajo que son patrulleros, chalecos antibala, armas reglamentarias, hasta municiones que estaban vencidas, todo vencido, y además, les bajaron el salario más que a todos los que están sentados en esta mesa.

Pinta de cuerpo entero la falsedad de esos discursos. Y después, la persecución gremial, política, los dirigentes sindicales, veníamos de eso. Ahora tenemos un Gobierno nacional peor. Porque convirtió a la persecución sindical, a la persecución política y a la destrucción del Estado en una especie de bandera. No en algo que pasaba lateralmente o que se usaba o se intentaba usar como discurso político, sino que es la bandera. Prácticamente, como proyecto económico y de desarrollo, lo único que dicen es “vamos a destruir el Estado”.

Nosotros, en aquel momento, les propusimos a ustedes no solo recuperar condiciones de trabajo, una recuperación salarial cuantitativa y cualitativa, sino que además les proponíamos un proyecto de provincia. O sea, un trabajo político.

Y que yo decía, por eso lo vengo a repetir, que nosotros tenemos la intención, la teníamos, creo que hemos avanzado bastante y la tenemos, de refundar un poco, el Gobierno de la Provincia, el Estado provincial. Y de abordar una transformación de las políticas públicas en cada una de las áreas.

En salud, en educación, por supuesto que en seguridad, pero también puedo decir en cada una de las áreas, estas son las grandes, a nivel judicial también. En cada una de las áreas de acción del Gobierno de la Provincia nos planteamos una transformación, empezamos a elaborar planes quinquenales para cada una de las áreas de gobierno, para cada una de las políticas públicas y lo que planteaba yo, prematuramente al comienzo, es que esto no pensábamos hacerlo porque sabíamos que era imposible de espaldas a los trabajadores y trabajadoras del Estado de la Provincia, sino que queríamos hacerlo de manera conjunta.

Lo cual nos planteaba también un desafío, un desafío político, simbólico, discursivo, cultural. Porque a veces parece como algo binario. Estamos los que defendemos al Estado, la salud pública, la educación pública, las políticas públicas contra los que las atacan. Entonces, aparece como una dicotomía, un dilema, una antinomia, los que defendemos al Estado y los que atacan al Estado. Yo creo que ahí hay una trampa.

Porque hoy, de manera mucho más extrema, los que atacan al Estado ya no es como era en la época de Macri, que decía “hay que hacer una reforma del Estado” La forma, el modo de atacar las políticas públicas y, por tanto, la posibilidad de que haya derechos en nuestra Provincia, en nuestro país, derechos de todo tipo, porque obviamente el garante de los derechos es el Estado. Entonces, cuando vienen a reformar el Estado, como era en el Consenso de Washington, como es la política de los organismos multilaterales de crédito, la reforma del Estado, la reforma educativa, la reforma previsional, la reforma laboral. Todas esas reformas, en realidad son achicamientos, políticas de desguace, de desmantelamiento del papel regulador del Estado y también de las políticas directas que ejerce el Estado de cara a la sociedad. Van contra la educación pública, la quieren privatizar, la quieren achicar, pero lo disfrazan de una suerte de reforma.

Ahora tenemos una versión más extrema. Ahora no vienen a reformar el Estado porque anda mal, vienen a destruirlo. Vienen a erradicarlo, a exterminarlo, a exterminar el Estado y a sus trabajadores. Es clarísimo, nunca se dijo con tanta frontalidad.

Pero acá se cae en una trampa. Porque el diagnóstico es que el Estado funciona mal. Que el funcionamiento del Estado es imperfecto. Entonces, hasta hace poco la derecha decía “hay que reformar el Estado para mejorarlo”, pero lo que realmente quería hacer era un ajuste presupuestario, un achicamiento de los gastos del Estado, un deterioro de los derechos de los trabajadores, una reducción de las capacidades del Estado de prestación directa, pero también regulatoria, de control. Es decir, achicar, apartar, recluir, encapsular al Estado como garante de los derechos y de las conquistas de la sociedad. Era eso. Hoy lo que proponen es directamente romperlo y destruirlo.

¿Cuál es la trampa? La trampa es que el diagnóstico es que la educación pública tiene deficiencias. Y dicen, a partir de eso, la derecha tradicional, que lo que va a hacer es mejorar la educación bajo la forma de privatizarla, de achicarla, de ajustarla, de tercerizarla, de arancelarla, para tomar la educación, pero lo mismo con la salud. La salud pública no es de excelencia. Entonces, ¿qué tenemos que hacer? Reformarla.

¿Cuál es la reforma finalmente? Una reducción presupuestaria, ahorrarse unos mangos para utilizarlos para sus objetivos que es favorecer a determinados intereses que representa la derecha y que lo hace desde el Estado. O desregular, como hoy vemos, en extremos con lo que están haciendo con el ANMAT, pero lo que hacen en todos los planos, retirar al Estado para que el privado tenga su negocio sin perturbación, incluso retirar a la educación, la salud, la seguridad pública, la obra pública, retirarla de espacios de rentabilidad que se quieren apropiar a través de empresas y negocios privados.

Es decir, no les gusta que haya salud pública donde ellos pueden hacer un negocio. Entonces, corren a la salud pública y generan su negocio. O convierten al Estado en un garante de negocios privados. Eso era la derecha tradicional. Lo que hoy nos plantean es cero Estado.

Pero yo entiendo que hay una trampa ahí porque nos ponen en una situación donde están los que atacan al Estado, a la cosa pública y los que la defendemos. Y nos quieren poner a los que la defendemos en una especie de situación conservadora. Nos quieren convertir a nosotros en los conservadores. ¿Cómo sería esto? Que ahora la rebeldía, se ha dicho, lo revolucionario es la derecha, porque viene a cambiar el orden existente, lo revoluciona. ¿Cuál es la revolución que plantea? La revolución de la ganancia, de la rentabilidad, de la dependencia.

La revolución sería, terminar con la República, terminar con nuestro país y volver a la colonia. Es una revolución espantosa y regresiva, pero implica un proceso de choque y de destrucción. ¿Y cuál es la trampa? Que quienes defendemos los derechos, la salud pública, la educación pública, la soberanía nacional, nos volveríamos conservadores en este juego. Porque estamos defendiendo lo existente. Y somos una fuerza que obstruye una posibilidad de cambio y una bandera de cambio. Esto sería Milei con la motosierra, contra nosotros que somos los que defendemos privilegios, los nuestros, teóricamente. Y los de una minoría.

Planteo esta discusión porque, obviamente, estamos en un curso de la historia donde se ha dado vuelta la taba. Nosotros somos los conservadores, ellos los revolucionarios, ellos son los que defienden al pueblo, nosotros los que defendemos los privilegios. ¿Se dan cuenta la maniobra? ¿Pero cuál es la trampa? Dejarse encasillar en ese lugar.

Por eso yo siempre digo, y mi invitación de los primeros días del Gobierno, nosotros venimos a recuperar salarios, derechos de los trabajadores estatales, condiciones de trabajo, infraestructura, venimos a hacer todo eso. Pero ojo, que el proyecto no es simplemente ese, el proyecto es más profundo. Es reformular y transformar el Estado provincial y el vínculo del Gobierno provincial y del Estado con la sociedad, porque está muy deteriorado. Está muy desprestigiado el Estado. Y sobre ese desprestigio y sobre esas debilidades se monta un discurso cada vez más destructivo. No sabíamos que íbamos a llegar al topo con la motosierra, no lo sabíamos en ese momento.

Pero fue un poco premonitorio porque el desafío es el mismo. Y yo creo que ahí hay un trabajo político muy fuerte para hacer. Nosotros tenemos que explicarle a la sociedad, al pueblo, a la gente que no venimos a sostener los privilegios de los trabajadores del Estado, de los dirigentes políticos, los funcionarios públicos. No venimos a eso, que es donde nos quieren encasillar, sino que venimos a mejorar el vínculo, la relación, a reconciliar al pueblo con el Estado. Pero no nos engañemos, hay una fisura por donde entra ese discurso, que es que, a veces, las capacidades que tiene el Estado de resolver, de cumplir y de llevar adelante los derechos de nuestro pueblo, está dañada o es imperfecta o es inadecuada.

Entonces, se genera un estado de enojo, de queja, que puede tener un momento destructivo. En la salud pública, hay que hacer. Vas al hospital o al centro de salud, tenés que esperar, te tratan mal. Te va mal y entonces después decís, “esto no sirve para nada, destruyámoslo”, como si lo que viniera después en manos de privados fuera mucho mejor. No, lo que viene después es la nada misma, es la privación absoluta del derecho a la salud, del derecho a la educación para masas inmensas de nuestra ciudadanía, la privación absoluta. Pero fíjense cuál es la trampa. La educación pública, por ejemplo. Anda mal, tiene defectos, tiene deficiencias, faltan vacantes o pasa tal cosa, pasa tal otra, resultado de eso que es donde se monta la derecha, destruyamos la educación pública porque lo que andaría bien es lo privado, cuando todos sabemos que lo privado va donde hay rentabilidad, ganancia y no va a ir nunca a dar una respuesta, de ningún tipo, a los sectores vulnerables, pero tampoco a los sectores medios.

En buena parte de nuestra Provincia el único prestador de salud y de educación es el Estado y no porque el Estado impida que el privado se desarrolle, sino porque ahí no hay ganancia posible para alguien que quiera hacer negocio con la salud y la educación. Entonces, si se retira el Estado, lo que queda es el vacío y la desprotección y la indefensión más absoluta.

¿Pero qué problema hay? Nos ponen a nosotros como si fuéramos los defensores de privilegios, de cosas que no terminan de funcionar bien, con una trampa adicional. Muchas veces, los problemas que tiene la prestación del Estado no es porque haya privilegios, salarios enormes, condiciones de trabajo espectaculares y recursos despilfarrados. Justamente es por lo contrario, por la falta y la escasez de recursos, por las imposibilidades que tiene el propio Estado de hacer la inversión necesaria para dar una respuesta. Pero obviamente, en el discurso de ellos esto está oculto. Entonces lo que dicen es “se gasta una millonada en algo que funciona mal. Ahorrémonos esos recursos, aprovechémoslos para otras cosas”, que no se sabe bien qué sería, o para el ahorro por el fin del ahorro en sí mismo, que serían estas políticas de superávit fiscal, o qué sé yo, para impedir tal cosa o tal otra, por la buena política económica, y entonces, “destruyamos la escuela pública, la salud pública porque no funciona”.

¿Cuál es la trampa que vengo denunciando hace tiempo? Que a nosotros nos pongan como los defensores de lo que hay, tal como está, sin reconocer los problemas que tienen. Este es el desafío que creo que tenemos que tener. Y esa es la clave que veo, que obviamente, implica una madurez enorme. Y una capacidad autocrítica enorme. Y una vocación fuerte de transformación y de —déjenme decirlo así— abrazar una transformación y un cambio, de ir en esa dirección.

Por eso yo planteaba que lo que nosotros tenemos que hacer no es conservar todo tal cual está, sino asumir un diagnóstico donde hay cosas que no funcionan o funcionan mal y podrían funcionar mejor, que muchas veces esto tiene que ver con aplicar más recursos, pero no es cuestión de recursos, son hasta cambios de actitud culturales de todos nosotros.

Entender que si nosotros no nos reconciliamos, no explicamos, no asumimos las deficiencias y las dificultades que tenemos, va a penetrar este discurso destructivo de la derecha. El procedimiento es cómo nos paramos ante esto, porque nos quieren enfrentar al pueblo, nos quieren enfrentar a la sociedad y a veces lo logran. Entonces, lo peor es desconocerlo o responder defensivamente y responder de manera cerrada, atrincherándonos. Yo veo un peligro muy grande en eso.

Por eso lo que planteo es ¿cuál es la superación para mí de todo esto? Hacer el diagnóstico nosotros, estar dispuestos a asumir qué es lo que no funciona, qué es lo que anda mal y cuáles son las soluciones y ser nosotros el agente de transformación del Estado.

Pero nunca quedar del lado de los conservadores, de los obtusos, de los que estamos siempre a la defensiva. Abordar una transformación profunda, animarse a hacer esa transformación y repito, ¿por qué desde el primer día, desde la primera reunión que fue allá en el Salón de los Acuerdos, les dije, “el agente de transformación tenemos que ser nosotros. Animémonos a ver qué es lo que anda mal, veamos cuáles son las cuestiones que podemos modificar y modifiquémoslas, perdamos el miedo”. Sepan que para eso, por supuesto que hay que estar en un vínculo de confianza, porque si no puede ser una trampa. Por supuesto que puede ser una trampa.

Pero de nuevo, atacan al Estado, ¿qué hacemos nosotros? Lo defendemos porque tenemos que defenderlo, defendemos la salud pública, la educación. Que eso no nos lleve a tomar posiciones obtusas, posiciones negadoras donde no podamos reconocer las cosas que no funcionan bien. Porque les damos demasiada ventaja y por ahí nos entra la derecha, lo decíamos cuando veníamos del gobierno Macri- Vidal y ahora tenemos un gobierno mucho más destructivo, que quiere arrasar con todo.

Y sabemos que no es el problema que va a arrasar con los puestos de trabajo del Estado o con la escuela o con nuestros laburos. Va a arrasar con los derechos. Se va a llevar puesta la educación pública y entonces la educación, la salud pública y entonces la salud, el pueblo. Son cosas muy profundas, muy delicadas que valen la pena defender, pero repito, la receta no es defender de manera ciega, obtusa y aferrarse, sino que yo creo que tenemos que tener la valentía y el coraje de plantear nosotros la transformación. Que estamos mejorando la salud pública, la educación pública. Nosotros, los que la queremos transformar porque la defendemos contra los que la quieren destruir o la quieren reformar, achicándola, privatizándola y convirtiéndola en algo elitista y en un negocio para otros.

Esto es un poco el planteo, sigo porque vamos a una elección donde de nuevo nos van a poner en el lugar de qué están haciendo. Defienden la escuela pública porque quieren sus salarios, su estabilidad laboral, sus privilegios contra los que ahora no tienen laburo y no es difícil entender por dónde van a venir. Entonces, yo creo que nosotros tenemos que tener la sabiduría y la capacidad y también la valentía, es decir, nosotros somos los que vamos a mejorar el Estado, no ellos. Ellos lo vienen a destruir.

Pero reconocemos que hay cosas que mejorar. Y en eso hay que embarcar al movimiento obrero. Y en eso hay que embarcar a los trabajadores del Estado. Yo no quiero hacer una reforma del Banco Mundial, que es una reforma privatizadora, achicadora, elitista. Lo que quiero hacer es una transformación del Estado para que tenga más capacidades, para que dé mejor salud, mejor educación y lo estamos haciendo con una enorme inversión porque ustedes saben el esfuerzo que se está haciendo en materia de infraestructura, de equipamiento, de capacitación, en la medida de lo posible, en materia salarial, de condiciones de trabajo.

Estamos haciendo eso, somos un colectivo de trabajadores y trabajadoras de casi 700.000 personas. Y ahora la amenaza ya no se esconde detrás  de un discurso progresivo, bien intencionado. Ahora es feroz. Ahora vienen por la destrucción. Vienen a arrasar con las capacidades del Estado, que son las capacidades de la sociedad organizada. Eso es el Estado finalmente. Entonces, tenemos esa discusión por delante. Y digo también porque algunos colegas gobernadores, algunos del peronismo, cuando llegó Milei, y lo vi en primera persona, me horroricé, pero lo vi en primera persona, dijeron “aprovechemos que hay una ola para hacer lo que tenemos que hacer”, que era despedir gente, precarizar en los gobiernos provinciales. En los Estados provinciales. Eso es lo que ocurrió.

Como hay menos resistencia, como está más legitimado socialmente “aprovechemos ahora para hacer los recortes que no nos animamos a hacer antes”. Lo digo porque lo ví. Y lo digo porque sé que está ocurriendo y que ocurrió. Entonces, achicamiento del Estado, empeoramiento de las condiciones de trabajo, cortar con las discusiones paritarias, todo eso pasó en las demás provincias argentinas. Nosotros creo que tomamos una decisión en conjunto, lo dijimos abiertamente, se viene esto. Lo comenté después de una reunión con los gobernadores, con los representantes, con ustedes, y dije “acá en la provincia de Buenos Aires no vamos a hacer eso, vamos a hacer lo contrario”.

Por eso yo quiero agradecerles mucho esto de seguir aún en condiciones muy complejas y muy desfavorables porque los recursos del Estado provincial obviamente están sometidos al ahogo que está generando el Gobierno nacional, directo, fundir a las provincias, particularmente a la provincia de Buenos Aires. Ellos creían, estos días vamos a pagar un vencimiento de deuda, que es la que nos dejó Vidal, que reestructuramos, deuda en dólares. Estamos cumpliendo con los compromisos. Si no lo hiciéramos, creo que estaríamos con un incendio en la Provincia.

Así que estamos manejando las finanzas provinciales, las condiciones que tenemos, de una manera me parece a mí bastante seria, prudente y sobre todo exitosa, porque esperaban vernos defaulteados, fundidos, con quilombo con los trabajadores nuestros, con el sector privado y hemos logrado, en la provincia de Buenos Aires, marcar la diferencia. Pero eso requiere, por supuesto, una seriedad, una comprensión de parte de los representantes de los trabajadores del Estado, una madurez donde podemos hablar de lo que estamos defendiendo en común, a pesar de tener roles a veces distintos porque tenemos nosotros el papel y la responsabilidad de llevar adelante el gobierno provincial y ustedes, por supuesto, sin confundirnos, sin entremezclarnos, sin hacer nada que no corresponda, cada uno defendiendo lo que tiene que defender, pero al mismo tiempo defendiendo al conjunto y lo colectivo que está por encima del papel que desempeña cada uno.

Yo creo que a esta altura pasó en otras provincias, donde tuvieron desastres, donde no pudieron pagar los aguinaldos, ustedes lo conocen, lo saben bien, capaz mejor que yo porque como tienen sus organizaciones nacionales, conocen bien lo que está pasando en otro lado. Es de destacar lo que seguimos sosteniendo en la provincia de Buenos Aires, un gobierno que considera que los trabajadores y trabajadoras del Estado son lo mejor que tenemos nosotros, que el Estado no es ni el edificio, ni la ambulancia, ni el pizarrón, ni la escuela. El Estado son los trabajadores y trabajadoras del Estado y que eso es lo que principalmente tenemos que sostener, así que lo seguimos haciendo, pero yo vengo a agradecerles la comprensión —decía— la madurez y el trabajo político que están haciendo. Porque lo que ustedes dijeron del apoyo, más allá de lo que a mí me puede generar, reconozco en eso al equipo de trabajo, al Gobierno de la provincia que hace algo muy distinto y que obviamente lo quiere proyectar a escala nacional.

Lo último que les quiero decir porque quería hablar de esto, es lo del 7 de septiembre. Hablé de 700.000 trabajadores del Estado bonaerense: hubo otras épocas, yo me acuerdo que a Vidal la votaron muchos trabajadores y trabajadoras del Estado provincial. Me acuerdo y sé que en 2023 también Milei consiguió apoyo dentro de cada uno de los colectivos de trabajadores del Estado provincial. No se lo conocía tanto a Milei. Alguno dijo “generó ese personaje, sedujo a algunos sectores, a los jóvenes”, ya está a la vista. Es imposible no darse cuenta qué es lo que viene a hacer Milei. Pero conservan todavía una parte del aparato comunicacional, trabajan muy bien las redes sociales.

Entonces, yo creo que si hay una tarea para compartir en esta mesa, es que no quede un solo trabajador del Estado provincial que vote a Milei, que vote violeta. No puede quedar uno solo. Aunque más no sea en defensa propia, aunque no tenga una conciencia de lo colectivo, de lo público y de lo nacional en defensa propia, porque ya se vio bien que en el Gobierno nacional hay más de 50.000 despidos. Acá en la provincia de Buenos Aires no hay un solo despido por motivos de ajuste.

Seguimos con ese trabajo, pero hay que explicarlo bien, hay que comunicarlo bien. Por eso, si no queremos que un solo trabajador, una sola trabajadora vote en contra de sus propios intereses, que ya está manifiesto donde está, qué es lo que los defiende y qué es lo que los ataca. Es un trabajo de hablar con todos.

Entonces, yo lo que pido es que quedan poco más de 10 días, no puede quedar un solo trabajador, pero no puede quedar ningún familiar de un trabajador del Gobierno provincial que vote a Milei. No puede quedar ningún amigo, ningún conocido. O sea, que también hay una tarea política porque lo que tratan de hacer es desmovilizar, decir que la elección no importa. La elección no importa, si la elección del 7 no importa, y quedan los que votan a Milei, tenemos que encontrarlos y decirles que le vamos a aplicar las política de Milei si tanto les gusta. Porque ya a esta altura pues está todo dicho y no es una amenaza.

Yo recorro los pueblos de la provincia de Buenos Aires, voy y me dicen “arreglen la ruta, arreglen los baches, abran la escuela, abran el jardín”. Y después voy y miro cómo se da la elección o cómo está la encuesta, el 40 por ciento lo quiere votar a Milei.

Ya hicimos de inocentes. Tenemos que ser claros. Tenemos que ser contundentes.

Y yo sé que tenemos una oportunidad enorme, vamos a una elección, la elección es provincial, ya no hay que discutir cuestiones metafísicas, cuestiones históricas con el Gobierno nacional, tenemos que discutir el Gobierno de la provincia de Buenos Aires contra el gobierno de Milei. Él cierra escuelas, nosotros abrimos escuelas, él desfinancia universidades, nosotros hacemos el programa Puentes, él cierra hospitales, nosotros abrimos centros de salud. Discontinúa los medicamentos, largamos un programa estatal de medicamentos bonaerenses. Tenemos mil motivos, mil razones, pero vamos a explicarlo, a confrontar, seamos un poco más duros y frontales, más directos.

Porque si no corremos el riesgo de guardarnos algo y que haya un trabajador del Estado de la provincia de Buenos Aires que es beneficiario, llamémoslo, porque sé las dificultades que hay, no creo que esto sea Disneylandia y por eso agradezco tanto la comprensión y el acompañamiento, pero bueno, podría trabajar en un gobierno donde el que esté sea un violeta, que lo que diga sea “son todos chorros los empleados públicos,  los voy a echar, a destruir, les voy a sacar los derechos” y esto ya no es una fantasía, una amenaza, es la realidad que está ocurriendo cruzando la General Paz, para ese lado y la frontera de la Provincia para las otras provincias.

Entonces, vamos a fondo. No puede quedar uno. Es una vergüenza para nosotros, es un defecto nuestro. Mío y de ustedes. Si hay uno que no lo entiende y que va y vota a su verdugo, porque si ganan esta elección no quedan dudas de que va a pasar eso acá también. No porque yo diga “ahora me voy a vengar”, sino porque nos van a recortar los recursos, va a seguir la crisis económica, cada vez va a ser más difícil siquiera seguirle el paso a la evolución de los precios. Como pasa en todo el país menos en la provincia de Buenos Aires, entonces, para sostener esto hay que sostenerlo también en las urnas. Así que hay una tarea y hay que profundizarla.

No es que vamos a ver qué pasa, entonces yo voy a la tele, voy un montón a la tele, creo que recorrí 45 municipios en 30 días. Los compañeros, también matándose, ustedes matándose. No hay nadie que se pueda quedar quieto, que pueda ahorrarse algo. No hay nadie que pueda guardarse ni un poquito. Hay que recorrer todos los lugares de trabajo. Y hay que avisarles. En cada hospital hay que decirles, “este hospital, si gana Milei, cierra”. Cierra, porque es así, porque estamos aguantando el techo y se nos viene encima. Es esa la situación y esa es la gravedad. Después, obviamente, como siguen pasando las cosas, estamos acá, creo que el 23 por ciento más o menos de recuperación salarial, con una inflación a julio del 17,3, parece que es posible.

Un día va a dejar de ser posible. Y yo sé que ustedes en ese momento me van a acompañar, van a explicarle a los compañeros, pero que no sea tarde. Yo lo que les pido es que, como en el movimiento obrero tenemos una unidad de concepción, unidad de acción, creo que hoy muy firme y muy clara, yo me quiero apoyar en los sindicatos. Cuando no puedo resolverlo a nivel de lo partidario y lo político. Me quiero apoyar en los sindicatos, porque si no estamos todos aplaudiéndonos entre nosotros y no hablándonos de la verdad. Sí, yo me quiero apoyar en los sindicatos. Ustedes saben que en las listas nacionales teníamos, el MDF, dos lugares, tres lugares. Solo pedí tres lugares. Uno para la CGT en la lista nacional, otro para una CTA y el otro para otra CTA. O sea, que se lo dimos al movimiento obrero.

Y esto no fue una cuestión de marketing. Porque esto, además, afuera se ve de otra manera, pero es para reconocer el apoyo y el acompañamiento, pero creo que tenemos 10 días donde se juega todo. Ahora hay que poner todos los recursos, todas las capacidades, toda la militancia que tengamos en movimiento, no puede quedar, repito, por lo menos de los colectivos de trabajadores del Estado, ninguno que no lo entienda o hacer todos los máximos esfuerzos, después puede haber uno, dos, que voten la motosierra. Pero yo creo que es suicida. Si a alguien no le queda claro le tiene que quedar claro.

Tiene que quedar claro que no voy a poder hacer una escuela más. Pero no porque yo no quiera y en venganza. Porque no nos van a alcanzar los recursos, somos los únicos que tenemos obra pública en toda la Argentina.

Sí, me pararon 80 escuelas, el otro día inauguré la escuela número 280, es una proeza, cerramos esta paritaria, hay tantas cosas. Pero como pasa, capaz alguno dice “acá las cosas andan bien. Qué bueno, qué suerte, qué alegría, estamos en el crucero del amor y las cosas andan bien”. No es así, es un esfuerzo enorme y está en riesgo, está en peligro. ¿Cómo se sostiene, cómo se defiende? En las urnas. Después, cada uno hace su trabajo político, pero ahora el poder lo tiene cada laburante.

Entonces, hay que ganar el 7 de septiembre y hay que ganar octubre. Y no es una tarea de otros, yo voy a hacer los esfuerzos más grandes porque los intendentes, voy a tratar de mejorar yo cuando hable en la tele, en los discursos, cuando recorremos, los compañeros van a hacer la mejor política posible, pero hay algo que se gana en la militancia, que se gana en la calle, en la lucha, en la discusión, es ahora: es salir de acá, ir a organizar a todos los compañeros, llamarlos a todos, armar las asambleas y decirles “muchachos, está bien, ahora fuimos a asamblea y aprobamos la paritaria; ahora vamos a asamblea y aprobémosle en la urna”. Y los que no están sindicalizados y no la entienden, explíquenle lo que está en riesgo, porque son ustedes los que dan la lucha.

Entonces queda claro. Me parece que hay una oportunidad enorme, que tenemos la posibilidad, hace un mes íbamos a perder esta elección si la derecha iba toda junta por 10 puntos, y hoy todos dicen que tenemos posibilidades de hacer una muy buena elección y hasta de ganar. Yo no me confío, para ganar hay que llenar las urnas de votos, así que esa es la tarea.

Muchas gracias.