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Juicio CNU II

“Castillo daba las órdenes”, afirmó sobreviviente de la CNU secuestrado en 1976

Daniel Pastorino mencionó a Carlos Ernesto Castillo, imputado en este juicio, como el jefe del brutal operativo que la CNU llevó a cabo el 4 de abril de 1976. El y su esposa fueron secuestrados y liberados.

Miércoles 10 de Junio 2026
“Castillo daba las órdenes”, afirmó sobreviviente de la CNU secuestrado en 1976
Declaración de Daniel Pastorino

Por Gabriela Calotti

 

“Castillo daba las órdenes. Tenía el rol de jefe”, sostuvo Daniel Pastorino el lunes ante el Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata que lleva adelante el segundo juicio oral y público contra la Concentración Nacional Universitaria (CNU), banda paraestatal armada de ultraderecha peronista que en aquellos años sembró el terror en La Plata con más de 70 asesinatos de activistas estudiantiles y delegados gremiales. Apenas 13 casos llegaron a este juicio. Nueve de las víctimas fueron asesinadas en esos meses.

Durante la instrucción del juicio, en 2011, Pastorino había reconocido a Juan José “Pipi” Pomares como otro de los integrantes de la patota que la noche del 4 de abril los secuestró luego de perseguirlos y dispararles al auto en que intentaban llevar a Graciela a su casa en Villa Elisa. En el marco de la audiencia número 13 de este juicio que arrancó el 23 de febrero, Pastorino reafirmó que Castillo, apodado “El Indio” fue el jefe del operativo.

Además de Pastorino, el lunes volvió a prestar declaración testimonial Walter Fabián Martini, hermano menor de Graciela Martini. Ya lo habían hecho en el primer juicio contra la CNU que tuvo lugar en 2017, al cabo del cual Castillo fue condenado a perpetua y Pomares absuelto dos veces.

El tercer imputado en este juicio es otro activo miembro de la CNU platense, Antonio Agustín “Tony” Jesús, que siguió la audiencia vía zoom desde la domiciliaria que cumple, paradójicamente, en su casa en Villa Elisa. Castillo y Pomares la siguieron vía digital desde la Unidad Penitenciaria Nº 34 de Campo de Mayo.

La audiencia estuvo presidida de forma presencial por la jueza Gabriela López Iñiguez. Sus colegas Jorge Gorini y Fernando Minguillón lo hicieron por zoom, igual que los abogados defensores de los imputados y la mayoría de las querellas.

En la sala estuvieron presentes los auxiliares fiscales Ana Oberlín y Juan Martín Nogueira y los abogados querellantes Camila Gerini, por la subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires. Los abogados Pablo Llonto y Rodrigo Cano siguieron la audiencia de forma virtual.

Pastorino, tenía 20 años, trabajaba en los Astilleros Río Santiago y militaba en la Juventud Peronista. Por entonces estaba casado con Adelaida Ursula Barón. Aquel sábado a la noche habían ido a comer pizza a una bar de 7 y 43 con Graciela Martini y Néstor Hugo Dinotto, amigos y también militantes que estaban planeando su casamiento.

Después de eso, como yo estaba en un auto que era de mi abuelo, les dije ‘yo los llevo a Villa Elisa’. Era la casa de Graciela Martini. En esa época había un nivel de violencia muy grande y cuando llegamos, vi dos autos parados en la puerta y le dije a Graciela ‘qué raro hay dos coches en la puerta de tu casa, no voy a parar, voy a dar la vuelta’. Y cuando pasé despacito para dar la vuelta, miro por el retrovisor y los dos autos me estaban siguiendo”, recordó Pastorino, presente en la sala. “Nos reventaron a tiros el auto. Tenía como 70 balazos. Lo destruyeron”, agregó para ilustrar la violencia de aquel ataque al ser interrogado por Nogueira en nombre del Ministerio Público Fiscal (MPF).

Precisó entonces que los “agarraron. Me acuerdo que había un kiosco y un paredón blanco. Nos bajaron. A mí me pegaron muchísimo porque era el que manejaba y lo de siempre ‘zurdo hijo de puta, te vamos a cortar en pedacitos’. Nos ponen contra el paredón y nos dicen ‘vamos a proceder a fusilarlos’ (…) Eran tres o cuatro tipos con Itakas. Cuando dicen van a proceder…cuando dicen ‘apunten’ cerré los ojos y sentí los balazos pero me tocaba y no tenía nada. Fue un simulacro de fusilamiento porque tiraron al aire”.

“Después de eso nos vuelven a llevar a un auto, no me acuerdo si era un Peugeot 504”, explicó antes de asegurar que “algunos” de los cuatro agresores “tenían unas camperas que usan en el Ejército. Estaban burdamente vestidos de militares, pero eran civiles. El grupo de la CNU era un grupo civil. Me encargué de averiguar bien”, sostuvo ante el Tribunal. “Se disfrazaban de milicos”, agregó.

Luego los llevaron sentados en la parte de atrás del Peugeot hasta una casa ubicada en “diagonal 113 entre 64 y 65. Era una casona de la policía de la provincia de Buenos Aires que se la daban para vivir al padre del Indio Castillo”, indicó Pastorino que aseguró que no la vio “porque estaba encapuchado” pero cuando se hizo reconocimiento de la vivienda “vio el piso y reconoció las lajas del camino de entrada al lugar”.

“Fui después de muchos años. Estaba un compañero del secundario, (Daniel) Cecchini, el periodista que se dedicó a investigar el tema”, sostuvo antes de explicar que por entonces era un lugar medio descampado y que a unos metros había una casa rodante donde Graciela y Néstor fueron torturados.

“Nos bajaban de a uno. La primera en bajar fue Graciela (...) Los gritos de Graciela eran desgarradores. Estuvieron 20 minutos torturándola. Después le tocaba a Néstor, una tortura infernal. Cuando me tocaba a mí, vino una autoridad del Ejército y nos pregunta a mi mujer y a mi quiénes éramos, cómo nos llamábamos y cómo estaba compuesta su familia”, relató. “Cuando mi mujer le dice quién era, el tipo se queda en silencio y luego le dijo ‘¿con la familia que tiene usted cómo está con estos terroristas?’. Después le dijo a la banda de la CNU ‘estos dos chicos están casados -y mi señora dijo ‘estoy embarazada’ - no estaba embarazada- ‘a estos dos chicos no los tocan’”, recordó. “Nos perdonaron la vida”, agregó.

Luego explicó que el hermano de Adelaida Ursula Barón, su esposa entonces, “era un militante nazi del grupo CNU (…) el padre de él había llegado al país en la Segunda Guerra Mundial y se ve que era ferviente admirador de Hitler. De ahí viene el nazismo y ese nivel de odio racial”, consideró.

Media hora más tarde, según sus recuerdos, “uno de los tipos que había participado del secuestro nos llevó a un auto y nos devolvieron a la ciudad, nos dejaron en 2 y 32”, precisó antes de indicar que ya era de madrugada.

“Al otro día supimos que habían aparecido dos cuerpos destrozados a balazos que eran Néstor y Graciela. Nunca pensamos que iba a pasar eso. Pensábamos que Graciela y Néstor estaban en libertad. Ahí entendimos porqué no nos mataron… por el hermano de mi mujer que era un tipo muy respetado en el CNU. Un nazi importante acá en La Plata”, explicó.

En efecto, los cuerpos de Graciela Herminia Martini y de Néstor Hugo Dinotto aparecieron al otro día en un descampado del barrio Los Porteños de City Bell acribillados a balazos. Graciela, militaba en ese barrio en los últimos tiempos. Antes había militado en el barrio Dumont.

Pastorino dijo que en 2011 durante la instrucción vio fotos y reconoció al individuo que los llevó en auto que describió como “de pelo cortito y bigote”. Sostuvo que “en el simulacro de fusilamiento el Indio Castillo era el jefe”.

En varios tramos de su declaración insistió en que “esto fue hace 50 años” para que se contemplara de alguna manera las dificultades de mantener la memoria fresca. Además, más tarde en su testimonio, y en respuesta al auxiliar fiscal, indicó -visiblemente afectado- que hace dos años su hijo menor, de 30 años, fue asesinado durante un incidente callejero y que desde entonces “se me dispara la presión” arterial. “El tipo está preso pero a mí no me sirve de nada. Me mató lo que más quería”, dijo al Tribunal.

Ese drama familiar no detuvo a los tres abogados defensores de los imputados para que intentaran contraponer su declaración del lunes con aseveraciones de 2011 y de 2014. También insistieron con preguntas acerca de cómo pudo reconocer las lajas de la casa de diagonal 113 si estaba encapuchado o cómo reconoció el recorrido entre el lugar del secuestro y la casa donde sus amigos fueron torturados.

Pastorino fue tajante al asegurar que al Indio Castillo lo había visto “interviniendo en lugares públicos” antes de su secuestro el 4 de abril de 1976.

Gran parte de la militancia de entonces conocía a los integrantes de la CNU, entre los cuales los más expuestos, porque además iban a ver partidos de fútbol en La Plata, eran Castillo y Pomares. La CNU rompía asambleas en facultades, irrumpían armados y amedrentaban a quienes militaban y con quienes compartían lugares de trabajo, según numerosos testimonios de jóvenes de entonces, que los recuerdan con sobretodos largos y oscuros donde ocultaban sus armas.

La CNU, brazo universitario de la Triple A, actuaba con una brutalidad extrema, en zonas liberadas por la policía bonaerense y el Ejército y abandonaba los cuerpos de sus víctimas en lugares públicos, algunos alejados de la ciudad, como caminos, arroyos o la vera del Río de La Plata.

Otro de los abogados defensores le dijo que olvidaba contar una parte de lo que había declarado años antes. “Usted dijo que estaba sangrando y que se estaba ahogando por la sangre”. “Si -respondió el lunes Pastorino- estaba sangrando porque me habían pegado varios culatazos. Porque era yo el que manejaba y quería escapar porque nos estaban tirando tiros”, sostuvo. “Como estaba encapuchado me caía la sangre y me ahogaba”, dijo.

Más tarde “fui con mis viejos al hospital”. “¿Se acuerda en qué hospital?”, le preguntó la jueza inmediatamente. “Sí, el Hospital de Gonnet”, respondió Pastorino.

 

Walter, el hermano de 10 años en manos de la CNU

 

Walter Fabián Martini, hermano menor de Graciela, volvió a declarar contra la CNU el lunes de forma presencial. Ya lo había hecho en el juicio que se desarrolló en 2017. Esta vez, interrogado por la auxiliar fiscal Ana Oberlín relató detalladamente lo ocurrido la noche del 4 de abril cuando la patota de la CNU irrumpió en su casa familiar en Villa Elisa, donde él se encontraba solo con su mamá, que padecía problemas de salud mental.

La familia estaba formada por su padre Atenfo, su mamá, Elia Zanata, su hermano mayor Roberto, de 26 años de edad y Graciela, de 23.

Esa noche, a eso de las 20 hs, su hermana se había ido con su novio Néstor a La Plata. Su padre y su hermano estaban trabajando fuera de la ciudad. El se había ido a dormir y su mamá también.

“Aproximadamente a las 11 de la noche escucho que empiezan a gritar y a golpear la puerta del frente de la casa. Salgo de mi habitación y voy a la habitación de mis padres porque la ventana da hacia la calle (...) No podía ver a las personas que estaban gritando y golpeando la puerta, no tenía visual, pero si veía toda la cuadra y en las dos esquinas había vehículos con gente con armas”, relató.

Bajó hasta el living para intentar llamar por teléfono a un tío. Pero fue en vano. Como seguían golpeando la puerta con brutalidad decidió abrir. “Cuando abro la puerta estaba el hacha clavada” con la que intentaban romperla, describió.

Entonces ingresaron en la casa “cinco personas en total. El primero tendría 10 años más que los otros cuatro. Tenía ropa oscura. Una gorra aplanada como de persona mayor con un pañuelo y lentes. Las otras cuatro tenían borcegos, pantalones camuflados y campera deportiva con cierre y a cara descubierta. El primero tenía un arma corta y los otros con armas largas”, precisó.

Les preguntaron insistentemente por su hermana Graciela. Luego a él lo dejaron en la cocina y a su madre la llevaron al comedor. Como “mi mamá esbozaba en decir algo en dialecto (ndlr: oriunda de Italia) yo le traducía lo que estaba diciendo pero esa persona no entraba en razones. Nos preguntaban por las armas, por panfletos, si la casa tenía sótano”, contó para ilustrar la violencia con la que operaba la patota de la CNU sin ningún miramiento ni por menores ni por personas enfermas.

Entonces “empiezan a zamarrear y golpear a mi mamá porque no hablaba. Me paro entonces y la persona mayor me agarra del cuello, me pone la pistola y gatilla. ‘¡Quedate quieto porque te mato!’”, recordó.

Revolvieron todas las habitaciones, inclusive quemaron fotos y libros en el piso y también robaron pertenencias de la familia, una escopeta de su padre y algunas joyitas de oro, que tiempo después el titular de la Comisaria cercana les aconsejó que no reclamaran como suyas porque sabían que el hermano mayor estudiaba en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) en avenida 60 y 122 y que el pequeño iba a la escuela Nº34 de Villa Elisa, a cuadra y media de su casa.

Como “estaban inquietos” en un momento “se llevaron a mi mamá para ver qué pasaba en la casa de Adelaida” que vivía cerca. Volvieron. Y entonces “nos meten en un hueco debajo de la escalera donde había una alacena”, afirmó. “Al poco tiempo escucho ruidos como que corren y que pasa un coche acelerando y otro que va por detrás y se escuchan disparos en cantidad importante”, aseguró.

“¿Qué rasgos tenían?”, le preguntó Oberlín. “Uno tenía 1,70 m, cabeza grande, cara redonda, pelo cortito.

El otro era un poco mas alto, pelo corto de bigotes y barba de 2 o 3 días”, respondió.

Al día siguiente fueron rescatados de ese hueco de escalera por su tío, que vivía cerca y que había ido y visto la puerta entreabierta y sin un pedazo de madera. Según su recuerdo, “con el correr de los días nos enteramos por el diario El Día que dos cuerpos con esas características aparecieron en calle 11, entre el Belgrano y para el lado de la ruta 36. Fueron mi hermano y mi tío y los reconocieron”, explicó.

Del velatorio de su hermana recordó que tenía “quemaduras de cigarrillos en una mano” y dijo que escuchó que “Graciela tenía una ráfaga de tiros” en el vientre.

El había escuchado que Graciela militaba en la JP. Sabía que hacía changas y que estudiaba pero no recordó qué. Néstor estudiaba Medicina. Su hermano estudiaba Ingeniería en la UTN.

“¿Dijiste que ella militaba? ¿Por qué sabías?”, le preguntó Oberlín.

“Creo que ella empezó a militar a fines del 73 y ya en mi casa mi papá no quería saber nada y tenían discusiones. En el 74 matan a un vecino, un ingeniero químico y entonces mi viejo ya le gustaba menos todavía y seguía habiendo discusiones. Y en el 75 eran más las discusiones al punto de que el viejo siempre decía ‘te voy a encontrar tirada en un zanjon con un tiro en la cabeza’”, precisó Martini.

Recordó que como siempre iba de un lado a otro con Graciela y sus amigas, no se olvida que varias veces los seguía algún coche hasta su casa. “Nos seguía un Peugeot hacia fines del 75”, contó. Dijo que se lo dijo a su padre y que eso provocó el enojo de su hermana y “más discusiones”.

El asesinato de su hermana fue como si “en mi casa hubiera caído una bomba”, sostuvo, cuando Oberlín le preguntó si su mamá estaba bajo tratamiento médico. “Sí, mi mamá tenía un psiquiatra” y comentó que después del 4 de abril “se encerró en ella.. No hablaba y lo poco que hablaba, no había manera de hacerla entender”, contó.

“Mi viejo seguía yéndose a trabajar con mi hermano y yo me quedaba con mi vieja. En mi casa no se hablaba”, afirmó, antes de recordar que tras el secuestro y asesinato, no olvidará una pintada gigante que había cerca de su casa que decía “Graciela, tu crimen no quedará impune”.

Interrogado acerca de si su familia hizo gestiones después de lo ocurrido contó que a sus familia “le dijeron lo mismo que al padre de Néstor, ‘que dejara todo como estaba’”.

Concluida su declaración, la jueza indicó que la próxima audiencia tendrá lugar este miércoles 10 de junio a las 9.30 hs.

Las víctimas de secuestro y/o asesinato que llegarn a este juicio son: Jorge Rosendo Ruda, Ricardo Arturo Rave, Alcides Emilio Méndez Paz, Daniel Rayson Midon, Carlos Alberto Sathicq, Horacio Salvador Urrera, Leonardo Miceli, Graciela Herminia Martini, y Néstor Hugo Dinotto. Las otras víctimas secuestradas y sometidas a tormentos son Walter Fabián Martini, Elia Zanata, Daniel Pastorino y Adelaida Ursula Barón.

 Las audiencias de este segundo juicio contra la CNU platense, son mixtas, es decir presenciales con público en la sala y virtuales. Son transmitidas en directo por los canales de Youtube del Poder Judicial (https://www.youtube.com/@pjn-videoconferencias); por la página web del Centro de Información Judicial (CIJ) (www.cij.gob.ar); y por el canal de Youtube de La Retaguardia TV, único medio de comunicación que desde hace años transmite en directo juicios por delitos de lesa humanidad (https://www.youtube.com/user/laretaguardia).