Buenas tardes. En primer lugar, también, me corresponde, porque varias veces estuvimos hablando con el intendente de la posibilidad de venir a compartir con ustedes los 150 años [Aniversario de Guaminí], y estábamos entusiasmados con eso, después una cosa, la otra, la agenda, y luego me entero de la pérdida que tuvieron de Juani, de Gustavo, de Lucas, así que vaya también mi pésame para la familia, los amigos, para todo el pueblo, y mis respetos. Y también sé que eran compañeros, así que mi agradecimiento para siempre. Gracias.
Dicho esto, hoy es un día importante, histórico. Yo creo que a veces perdemos la dimensión de hechos tan relevantes como la inauguración, con la concreción, con la concepción, con las gestiones, Néstor [Néstor Álvarez, subsecretario de Recursos Hídricos provincial], después con la puesta en marcha y, finalmente, con la terminación e inauguración de obras públicas estratégicas para los distritos. Particularmente para los que están distantes, del interior de nuestra provincia, que son pequeños en cuanto a población. Y, muchas veces, de tanto pedirlo, de tanto necesitarlo, tal vez se pierde un poco la dificultad que tiene, desde conseguir los fondos, concebirlos, administrarlos, ponerlos en funcionamiento, que las obras finalmente se hagan.
Creo que además de este tema, que después uno lo da por hecho. Porque, al fin y al cabo, que haya gas debería ser algo normal, que haya electricidad debería ser habitual, no es algo que se supone que habría que festejar. Que haya agua de calidad y en la cantidad necesaria son requisitos básicos; sin embargo, creo que es un buen momento para festejar y para reflexionar, porque hoy contamos con una excepcionalidad total a nivel nacional.
Sé que hubo gobiernos que no hicieron obras o hicieron pocas; sé que hubo gobiernos que tropezaron, trastabillaron y debieron frenar la obra; sé que hubo gobiernos que discriminaron: obras para uno y no para otro. Hubo de todo. Ahora, nunca —que yo sepa— hubo en la historia argentina, y probablemente nos podemos remontar mucho más lejos en el tiempo y en el espacio, un gobierno que haya dicho "cero obra pública" y que lo haya puesto en práctica, incluso interrumpiendo muchas construcciones, mucha infraestructura, que estaba cerquita de terminarse. Porque eso primero se presenta como un ahorro, "no vamos a gastar en obra pública". Primera mentira, enorme mentira, si la obra está en construcción y se interrumpe, no hay ningún ahorro. Falta, como en este caso, un 10 por ciento más para la conclusión de una obra, entonces no terminarla significa su abandono, su deterioro, y, a veces, su vandalización. Se pierde capital, se pierde plata; no se está ahorrando, se está derrochando.
Nosotros, cuando llegó Milei, teníamos en marcha 1.000 obras públicas del Gobierno nacional en toda la provincia. Obras como esta, del ENOSA, obras de ruta, obras de vivienda, 16.000 viviendas, 16.000 familias que estaban esperando su casa, 82 escuelas, algunas al 90 por ciento; pararon todo. Un día de interés de deuda de lo que van tomando —que uno lee en el diario—, me animo a decir una hora, probablemente, alcance para terminar varias de esas obras. Pero no, no es ahorro, es despilfarro y, además, es casi una crueldad dirigida. El pueblo, un pueblo que espera, una familia que no tiene, una comunidad que se le está construyendo la escuela y se la deja ahí. Y muchas de estas obras, con esta, decía recién Néstor, es la primera del ENOSA que habíamos lanzado juntos que estamos terminando, decía de la provincia, del país, Néstor, la primera del país y está en Guaminí.
Pero es un símbolo también porque pararon estas obras públicas diciendo que estaban contra la filosofía, la ideología, la teoría del actual presidente. En este caso era una obra nacional que llevaba adelante una empresa provincial, pública, ABSA. Entonces pudimos hacer la cuestión administrativa, burocrática, legal para concluirla, pero era una empresa nuestra, entonces, en vez de empezar el juicio al incumplimiento, resolvimos ponerle los recursos para poder concluirla. Es una casualidad prácticamente… La gran mayoría de las viviendas no se pueden terminar porque se han dejado empresas plantadas, entonces hay reclamos, juicios, porque están en cabeza del Gobierno nacional, no podemos actuar, como pasa con las rutas nacionales: no podemos actuar sobre algo que no es nuestra jurisdicción. No se puede, y no han hecho nada para transferirlas tampoco. Es como que no hacen ni dejan hacer.
Pero hubo una estafa mucho más profunda. Hoy estuvimos recorriendo la Ruta Provincial Nº85: 23 kilómetros de ruta; estamos hablando de 10 millones de dólares en una obra fundamental para la conectividad. Y me dice el intendente [José Nobre Ferreira] "falta tal cosa"; sí, falta un montón, pero estos 23 kilómetros de obra también debe ser una de las pocas rutas que se terminan en la República Argentina. Y se hace con mucho esfuerzo, lo estamos haciendo acá en la provincia. Pero la Provincia es casi la única que está haciendo obra y el Gobierno nacional la paró.
Pero, además del problema que digo, también dicen "ahorramos, no hacemos el mantenimiento de la ruta". No hacer el mantenimiento de la ruta no es ahorrar. La ruta que no se mantiene cada vez cuesta más cara. Primero es hacerle algo leve, una pequeña reparación, luego se va deteriorando, y finalmente hay que hacer una repavimentación. Nos va a salir carísimo este chistecito o este desastre, esta desgracia que resolvió Milei. Agrego algo más, porque no se toma dimensión: una casa o un grupo de viviendas que se para por años, luego tiene que venir una empresa, supongamos que se licita, viene una empresa, toma la obra, pero tiene que tomarla a riesgo propio, porque tiene que dar una garantía que va a estar bien, una obra que inició otro y que dejó a medio hacer. Es muy difícil, es mucho más caro, no estamos ahorrando nada con esta tontería, con esta necedad, con este daño que está haciendo el Gobierno de Milei. Tremendo, va a costar muchísimo.
Y en casos como este da para reflexionar mucho, porque Milei está ahí porque se lo ha votado. Yo creo que muchos —y en buena hora— están cayendo en la cuenta de los resultados de esas políticas que parecían originales. Claro, nadie había dicho "paramos toda la obra pública", "uh, viene algo nuevo" —algo nuevo que genera una calamidad—, nadie había dicho "motosierra", nadie había dicho "desindustrializar la Argentina", nadie había dicho que no le importa nada el interior, porque no le importa nada el interior. Entonces lo dijo, y tal vez, puede ser, producto de un malestar —no estoy culpando a nadie— llegamos acá y hoy estamos acá con esas dificultades.
Y quiero plantear dos cosas. La primera, sobre la importancia en general de la obra pública. No hay país en el mundo que no tenga obra pública. Es una estúpida idea. No sirve para nada esa idea. Y genera muchos, muchos problemas. Pero más los genera en pueblos del interior, distantes, pequeños poblacionalmente. Porque hoy estamos viendo acá, Guaminí, ni electricidad, ni gas, ni agua, ni ruta. Condenar a quienes ahí viven, tienen su familia, tienen sus planes. Hoy tienen una limitación, tienen un techo de hormigón. Porque no se puede seguir creciendo porque no hay más electricidad.
Tiene que haber una planificación estratégica. Digo más, nuestro país, nuestras localidades, veía las obras esas de Salamone, obra pública. Lo que tenemos existe porque es producto de una planificación. Porque es producto de un esfuerzo colectivo. Y no hacerlo hace que no exista esa posibilidad. Condenar a muerte a determinadas poblaciones, como fue la época del abandono del ferrocarril, ponerle limitaciones, dejarlo afuera, excluirlo, por un lado. Pero hay otras oportunidades que nos perdemos enteras. Porque ahora dicen, "¿quién tiene que hacer las inversiones? ¿Quién va a hacer la inversión pública? El privado". Estamos hablando de obras de 50 millones de dólares. Si sumamos todo estamos hablando de 70 millones de dólares. Y después las defensas, las hidráulicas, son enormes. Nunca, en ningún lugar, esas obras las hacen los privados. Los privados… es mentira.
La sociedad argentina ha sido víctima de un engaño. De un engaña pichanga, que las obras las iban a hacer los privados. Y que si no las hacen, entonces no hacían falta. Fíjense, además les echan la culpa. "Quieren la obra, háganla". “Y si no está, es que no valía la pena”. Y no se dan cuenta de las enormes disparidades, inequidades, desigualdades, no solo que hay en la Provincia, no solo que hay en la Argentina, que hay en todo el mundo.
Vemos esas ciudades, enormes ciudades que aparecen en el desierto. No hay ningún privado, es un Estado que tiene que hacer la purificación de agua, que tiene que hacer la electricidad, son obras multimillonarias.No es un despilfarro, no es una pérdida, no es un ahorro, porque cuando se hace, después viene el privado.
Miren lo de la electricidad. Habrá quien tiene una buena idea, tiene una iniciativa, entonces quiere hacer una inversión privada grande, importante, relevante, 300.000 dólares, un millón de dólares, porque se le ocurre hacer una planta, de tratamiento —puede ser incluso de industria alimentaria— tiene la plata, quiere hacer la inversión y no le sale un millón, le sale un millón más 50. No va a pasar, están condenando a nuestro país. Y lo digo con la seriedad que tiene, porque esto es el futuro de la Argentina, el futuro de Guaminí, el futuro de nuestra provincia, es eso lo que está en riesgo.
Después el presente también, decían: "no, el Estado hay que destruirlo y no tiene que tener tampoco ningún papel regulador, que no se meta el Estado. Entonces que el precio de la nafta lo decida el que vende la nafta". Yo les hago una pregunta que no es para economistas, para doctorado, ¿qué precio va a tratar de fijar el que vende el producto? El más caro que pueda, porque es una cuestión ni bueno ni malo, su objetivo es conseguir la máxima ganancia, si no lo pone más alto es porque en un momento lo pone tan alto que deja de vender, pero va a ser el más alto que pueda.
¿Y dónde se va a instalar el negocio? Donde haya ganancia, y si no hay suficiente mercado, volumen, población suficiente, no lo hará. Por eso pasa otra cuestión, otra mentira, tremenda mentira, que la gente ha votado engañada con esto de que la salud la tiene que dar el privado, que la educación la tiene que dar el privado.
Ahora vamos a hacer una reunión con varios intendentes de la región, en todos los pueblos, en sus localidades, el único prestador de salud es el Estado. ¿Y ustedes creen que si se va el Estado va a venir la clínica de Los Arcos, la Swiss Medical, va a venir algo de eso? La Suizo Argentina, ¿va a venir? No, si se corre el Estado no va a haber prestador de salud y no se va a poder vivir, y si no pone el jardín de infantes, la primaria, la secundaria y el centro universitario, no va a haber educación y se va a hacer invivible. Es una enorme mentira y es además malintencionada, llena, cargada de crueldad.
¿Por qué? ¿Nosotros prohibimos acaso poner un hospital privado, una clínica privada? No está prohibida. No viene porque con la cantidad de habitantes y los recursos de los habitantes, los ingresos de los habitantes no es negocio. Y lo hace el Estado, acá y en cualquier parte del mundo. Y si no lo hace el Estado no es que entonces se corre el Estado y "menos mal ahora nos sacan la pata de encima, viene el privado". Hay lugares donde va el privado y, por ejemplo, las prepagas carísimas, dar la cobertura de salud sale un palo por familia. Hay lugares donde es tanta la gente que hay un sector que puede pagar la educación privada, la salud privada y entonces aparece el privado, pero no es para todos, es para el que puede pagar.
A mí lo que más me indigna es que a eso lo llaman libertad. Porque sería la libertad de que el que pueda pagar es libre de hacerlo y la libertad del que no puede pagar se quede sin nada. Por eso, vengo acá también a felicitar a Guaminí porque ha decidido seguir haciendo estas obras, son ustedes los que comprendieron que tiene que haber un Estado, no todo, nadie pretende poner un kiosco del Estado, poner un supermercado del Estado, pero sí salud, educación, seguridad e infraestructura, son cuestiones que hace el Estado o no hace nadie.
Y hoy, en la Argentina, a nivel nacional han destruido al Estado en sus capacidades y no lo hace nadie. Por eso otras felicitaciones. Esto lo paró Milei, se terminó en la provincia de Buenos Aires, se terminó en Guaminí.
Y hoy estamos transitando una crisis, por eso se hace más difícil, por eso yo escucho las necesidades que hay, celebro todo lo que hemos hecho. ¿Qué pasa? Cada uno de ustedes con esta situación, con lo que salen las tarifas porque han aumentado la electricidad, han desregulado los alquileres, la nafta, los remedios. Imposible vivir. ¿Qué es lo que genera eso? Una contracción económica que después también afecta al Estado, al gobierno municipal, a los gobiernos provinciales. Nos afecta, con lo cual los recursos, además, cada vez más tensionados, porque los recursos que uno tiene, ahora venimos de Suárez, donde hemos hecho varias inauguraciones, pero tienenla fábrica que cerraron, la textil, la de zapatillas que cerraron, Dass, 850 familias.
Y se contrae la actividad económica, se contraen los recursos del municipio, y esas familias tal vez tenían resuelta la salud por una obra social, pero ahora se terminó el puesto de trabajo, no hay acceso, o el que se pagaba por privado un remedio y ahora no puede, ¿y a dónde va? Al hospital del municipio. Entonces, son menos recursos y hay que atender cada vez más necesidades. Esa es la situación que tenemos, esa es la situación compleja. Y también hay que terminar las obras y hacer las obras que faltan. Por eso, estamos haciendo, todos, todo el pueblo de la provincia de Buenos Aires, que yo creo que algunos han visto otra cosa y yo respeto muchísimo, pero se empiezan a dar cuenta, que no es necesario, obligatorio, que no es inexorable tomar un camino de destruirles los derechos a los demás, del sálvese quien pueda, de la falta de solidaridad, no es inexorable.
Nosotros venimos acá con estas obras y ojalá no estuviera pasando esto y pudiéramos hacer todo lo que todavía falta, pero venimos a decir que hay otro camino, el camino de la dignidad, la solidaridad, el desarrollo, la inclusión, la producción, del trabajo. Es imperioso seguir trabajando de esta manera.
Por eso, yo quiero decir que es una muy buena forma conmemorar los 150 años de Guaminí dándole electricidad, agua de calidad, el gas y la infraestructura que necesita. Pero, ¿saben qué? Tenemos que asegurarnos que todo esto se puede hacer en toda la República Argentina, tenemos que asegurarnos que no instalen estas ideas ridículas, absurdas, que no se aplican en ningún lado, tenemos que demostrar que somos un pueblo que cree en las capacidades que tiene, que trabaja, que es un pueblo trabajador, pero que necesita también que al que viene de atrás se le dé una mano.
Así que por eso quiero decir felices 150 años, mucha fuerza, muchísimas gracias y nos comprometemos a seguir trabajando. Falta poco para que termine la pesadilla de un Gobierno nacional que se borra, que no está, así que muchísima fuerza.
Muchas gracias también a los intendentes de otras fuerzas políticas que nos acompañan, vamos a seguir trabajando por una Provincia mejor, por una Argentina mejor, muchas gracias.