Buenas tardes. Muchas gracias a todos y a todas. Muchas gracias también a los oradores por la brevedad, porque queríamos dar la palabra a varios de ustedes, así que a veces conspira eso contra una exposición más prolongada, que seguramente todos podían hacer, queríamos agradecerles la brevedad y la precisión en lo que expresaron también.
Escuchamos diagnósticos, ideas conceptuales, discusiones más profundas y algunas propuestas. La reunión que estamos haciendo hoy tiene precisamente que ver con esta situación, yo diría un poco incómoda, inesperada, que está viviendo la Argentina hoy. Voy a tratar de ser no solo breve, sino también preciso en algunas ideas que quiero compartir, porque las caras de varios de ustedes son conocidas, nos hemos encontrado en el Día de la Industria, o en alguna reunión, o en algún parque industrial, o en algún distrito, así que tampoco los quisiera, no sé si aburrir, pero machacar con una explicación sobre la que vengo insistiendo ya hace años.
El otro día buscaba algunas de las exposiciones que hice antes de que ganara Milei y, lamentablemente, tengo que decir que no me equivoqué. No me equivoqué, en dos factores. El primero era que todo lo que dijo en campaña no lo iba a sacar, en materia económica. Prometió dolarizar la economía, obviamente era una pésima idea, pero no se hizo; es una promesa incumplida, para colmo con una ambigüedad. Lo de la dolarización de la economía tenía que ver con una idea fantasiosa, pero creo que deliberada, de que aquel que ganaba un sueldo en pesos lo iba a pasar a ganar en dólares: el mismo número pero en dólares. Eso se basaba en una fantasía, creo yo, bastante difícil de sostener; tenía obviamente a interlocutores, periodistas cómplices de esto, pero que tenía como base el uno a uno.
Como tuvimos algo parecido a la dolarización, que fue la convertibilidad, y lo escuché, además lo consulté, y durante la campaña, Kato [Gabriel Katopodis, ministro de Infraestructura y Servicios Públicos provincial], combatimos contra esto: había quien entendía en la dolarización de Milei un uno a uno: un peso, un dólar, ganando lo mismo en dólares. Yo creo que esto —repito, no fue sin querer— me parece que fue una estrategia publicitaria, pero bastante penosa, porque era imposible desde el primer día. Creo que una sola vez al entonces candidato lo confrontaron con la idea de que dolarizar necesitaba una materia prima, que eran los dólares, y entonces alguien —una vez, que yo sepa— le preguntó: “¿pero de dónde van a salir los dólares?”. Agarró su teléfono y dijo: “te muestro, te muestro el mensaje, acá tengo 15.000 millones de dólares para dolarizar”. Yo creo que ese mensaje —esto es pura presunción— fue de Toto Caputo. O sea que es una estafa, una asociación en esa estafa.
Pero bueno, la realidad es que esto ya es historia antigua. No dolarizó nada, y menos todavía a un peso, un dólar. Eso era ya desde el comienzo una fantasía imposible, pero creo que fue parte de las promesas de campaña, no dicha una vez, sino repetida, central, medular. Bueno, eso no lo hizo.
Lo otro era destruir el Banco Central. Otra promesa de campaña que creo que al revés, hoy estamos con Bausili, etcétera, diciendo “tenemos el Banco Central más fuerte de la historia argentina”. Lejos de destruirlo, parece que lo convirtió en una especie de fortaleza inexpugnable, donde ya no hay más oro porque lo mandaron al exterior. Pero la fortaleza del Banco Central, ¿de dónde viene? De muchísimas medidas que le han dado una dominancia a la política monetaria del Gobierno. No quiero decir nada más, no está destruido el Banco Central. Las escuelas, los hospitales, la obra pública, la industria, todo lo que tenían que hacer sí está destruido, pero en las ruinas de todo lo demás se erige el edificio del Banco Central como una de las instituciones que más se ha fortalecido en este tiempo de Milei. Así que, de nuevo, lo contrario.
Después prometió privatizar YPF, lo dijo varias veces, no lo ha hecho. Obviamente, ninguna de estas medidas, ninguna de estas ideas era buena para la Argentina, las promesas. Así que no puedo decir que si lo hubiera hecho estaríamos mejor. Lo que sí quiero decir es que hizo una cosa muy distinta a la que prometió en la campaña electoral. Parto de ahí porque tampoco prometió primarizar la economía; destruir la industria nacional tampoco apareció entre las promesas de campaña. Yo creo que hay un plan económico hoy funcionando.
Desde el comienzo de este Gobierno, antes, en la prehistoria de este Gobierno, yo venía diciendo: “todo eso que dice, no lo va a hacer; lo que va a hacer es aplicar un plan de ajuste convencional, —si quieren ponerle un nombre un poco menos antipático— de estabilización —otro nombre—, antiinflacionario, un plan antiinflacionario pero convencional, estándar, ortodoxo”, y decía, de nuevo, “no vienen a hacer ni política austríaca, de raigambre austríaca, ni siquiera anarcocapitalista, ni liberal-libertaria”. Vinieron a aplicar el plan de ajuste convencional, ya muchos de ustedes y varios de nosotros los hemos estudiado y vivido, es una experiencia más de un programa de ajuste convencional, de ajuste de estabilización antiinflacionaria convencional de la familia de los programas del Consenso de Washington.
En la historia argentina hubo varios episodios, los más conocidos son la tablita Martínez de Hoz, obviamente el plan de convertibilidad de los noventa y, después, el plan económico de Macri, por lo menos al comienzo de su gobierno. Así que esto no tiene nada de nuevo, de original, de moderno, nada de época; están aplicando un plan de estabilización antiinflacionario. Con Augusto [ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la Provincia, Augusto Costa] hemos estudiado esto, lo hemos enseñado, así que tampoco nos sorprenden las consecuencias. Lamento haber predicho esto de una manera tan adecuada para lo que pasó después, porque cada vez que se hizo esto resultó en un destrozo de dimensiones en la Argentina, muy difícil de revertir.
Tengo dos evidencias para el que todavía esté pensando, porque tal vez cuando vio a alguien que votaba a Milei o hasta votó a Milei, dijo “ahora se viene algo nuevo”, tal vez le quedan ganas de debatir sobre la caracterización. Yo tengo dos pruebas importantes de que esto es así. La primera es que el equipo económico de Milei no es otro que el equipo económico de Macri. Los echaron en aquel momento, pero han vuelto ahora a tener predominantes, o sea que además son gente más vinculada a las finanzas, al JP Morgan, a bancas de inversión extranjeras vinculadas a títulos públicos o a títulos valores. Acá en el equipo económico no hay ningún industrialista o nadie que sepa, ni por asomo, qué es la industria. A mí no me queda ninguna duda, pero si estuvieran hoy en el equipo económico Marra o alguno de los que venían con Milei, incluso el propio Benegas Lynch, algún libertario o algún austríaco, podríamos discutirlo. No, está el equipo económico de Macri, que está haciendo lo mismo que hizo en la época de Macri, nada más que más rápido y más profundo.
Entonces termino con esta prueba que traigo, que es que los cuatro años del Gobierno de Macri fueron un fracaso estrepitoso. Pero cuando uno mira qué es lo que evaluó el propio Macri de su gobierno como un error o algo a cambiar, yo les digo: el gradualismo. Se convencieron de que había que hacer una política de shock, y acá la tenemos. Después, por supuesto, que esto que digo tiene un elemento de exageración, porque Martínez de Hoz no es lo mismo que Cavallo, ni Cavallo lo mismo que esto; es decir, después hay matices, pero en términos conceptuales, teóricos, históricos, es un programa de ajuste convencional, con las medidas que siempre tienen estos programas, que se aplicaron varias veces, por eso tampoco sorprenden las consecuencias.
El segundo punto que quiero marcar, de evidencia, es que a mí me tocó dos veces verlo a Milei en mi vida. La primera fue al comienzo del gobierno, del primer año… El fin de año después de la elección, el primer año, convocó a todos los gobernadores —en ese momento eran todos, no algunos, a todos—, nos sentó en una mesa y dijo “lo que estoy haciendo en economía no es lo que yo pensaba hacer, tuve que aplicar un plan de ajuste ortodoxo, convencional, tuve que hacerlo por…”. Empezó a decir, no terminó de dar la explicación; pero él mismo resignó su plan, o su propuesta, o su promesa de campaña. Tuvo que hacer otra cosa, que fue aplicar el plan antiinflacionario convencional en la Argentina.
No me voy a dedicar demasiado a esto porque si ustedes ven mi exposición en el Día de la Industria, o veinte exposiciones, ya caractericé este plan económico. A mí me parece importante hacerlo porque sino después hay varias polémicas que son inconducentes. La primera es “esto ya va a pasar, ya va a mejorar, hay que esperar, dar la vuelta”; o en terminología del Gobierno de Macri: “el segundo semestre, la luz al final del túnel, los brotes verdes”. En el caso de este Gobierno, el famoso “pedo de buzo”. “Ya va a crecer”, eso decían creo que el mes tres del Gobierno de Milei, se venía ya, inmediatamente. Después dijeron “hoy estamos transitando, así que cambien esas caras, los 18 mejores meses económicos de la historia argentina”. Esto lo dijo Caputo hace seis meses.
Los indicadores dan todo para atrás. Acaba de salir el índice de inflación. Yo fui ministro de Economía, Augusto secretario de Comercio en 2014 y 2015, y me animo a decir que el último año no hubo ningún índice de inflación de esa época marcado por inflación Congreso, Patricia Bullrich, más alto que la inflación de este mes. Así que esta masacre que están haciendo económica, que es para bajar la inflación, como único objetivo del Gobierno, además tiene la dificultad de que –tomen declaraciones de Milei hace unos meses, o hace más meses, o hace muchos más meses, y siempre viene diciendo que va a empezar con cero– además los diagnósticos están muy mal y los pronósticos no pegan en nada.
Vengo con ustedes simplemente a compartir unas ideas; parto de acá para decirles que lo que está pasando, en tanto sigan aplicando estas mismas medidas de política económica, macro, la macro que teóricamente es lo que anda bien, los resultados van a seguir siendo estos, no van a ser otros. ¿Cuáles son los resultados de esta política? Que podría resumirse en algunas medidas, todas básicamente de propósito antiinflacionario, más allá de las dificultades que tiene también ahí. Las políticas son: tipo de cambio atrasado y estable. Porque aunque lo nieguen una y mil veces, también lo hacía Prat-Gay en la época de Macri, saben que hay algún pasaje, alguna transmisión entre el tipo de cambio y los precios, con lo cual para que no se muevan los precios tratan de que no haya movimientos cambiarios. Entonces, ni siquiera es con otro objetivo, yo creo que principalmente es la estabilidad cambiaria vinculada al tipo de cambio.
Este es un gobierno que dice que la inflación depende solo de la emisión monetaria. Y, sin embargo, los planes que aplica son planes ortodoxos antiinflacionarios que atacan la inflación con varias medidas, no solo la emisión, ni principalmente. Entonces, la estabilidad cambiaria para combatir la inflación.
La otra política que tiene es salarios planchados. Los salarios no pueden subir, por eso el Gobierno puso “paritarias cero” y después “‘paritaria uno”, y no homologan ninguna paritaria que esté por encima de un número que plantean. ¿Por qué? Porque creen que hay un elemento salarial en la inflación, que hay una parte en la inflación que podría ser resultado de un incremento salarial. Entonces, planchan los salarios para combatir la inflación.
Tasa de intereses alta. Esto que ustedes estaban penando, del problema del crédito, es parte del plan antiinflacionario. Creen que la tasa de interés alta es un elemento, en términos macroeconómicos, de contracción monetaria, es una política monetaria restrictiva, tasa de interés alta, que viene asociada a emisión baja, pero no necesariamente. O sea, la tasa de interés alta. Estos son elementos de la política antiinflacionaria. Otro elemento, voy a mencionar más, es la apertura importadora, que puede tener muchísimas explicaciones, estructurales, de cualquier tipo, pero abren las importaciones para que no suban los precios. O sea, es un elemento más de la política antiinflacionaria.
Otro elemento es el ajuste fiscal. También componente, esto está descrito por la literatura económica de los planes antiinflacionarios de toda América Latina, de origen en el Consenso de Washington, los más modernos, pero casi diría que desde antes uno lo puede encontrar durante toda la época de industrialización, década del 60, década del 70, lo puede encontrar a Diamand discutiendo esto, a todos los teóricos del desarrollo nacional, hasta Prébisch discutiendo estas cosas, porque es recontra viejo. Pero abren las importaciones para que los bienes de consumo no puedan subir de precio, y entonces es un elemento más de la lucha antiinflacionaria.
Después, la desregulación, en general, también tiene un elemento que ellos ven como antiinflacionario porque, dicen que generar competencia en diferentes sectores va a impedir los incrementos de precios en los sectores regulados, por eso la desregulación. Así que, repito, esta política económica se aplicó varias veces en la Argentina, siempre terminó en un desastre. Incluso durante la época de la industrialización argentina, del modelo stop and go, también hubo momentos de planes de austeridad, se llamaban entonces, que estaban marcados por los mismos componentes. Por eso, lo que está pasando hoy no era muy difícil de prever: iban a aplicar este plan, solo este plan, no tiene nada que ver con las ideas de Milei, ni con las teorías de Milei, ni con Hayek, Mises, Bawerk, ni con ningún austríaco; es un plan ortodoxo, que su resultado, yo diría, de corto plazo, el futuro de corto plazo, porque, ¿para qué aplican estas medidas, tasa de interés alta? Para secar la plaza monetaria y entonces que no haya una corrida del dólar o un aumento de la demanda que afecte los precios.
O sea, en términos conceptuales es así. ¿Para qué los salarios bajos? Para que no haya una presión de costos, porque el salario aparece como un costo, entonces si suben los salarios, va a haber algún elemento inflacionario y también para que no haya un tirón de demanda, porque si suben los salarios, va a haber consumo, el consumo va a empujar para arriba los precios, entonces esto también desalinea la política. Entonces, ¿para qué abren las importaciones? Para que haya una competencia extranjera que impida que los precios internos crezcan. ¿Para qué paran la inversión pública o paran toda la política pública con el ajuste fiscal? Para que no haya una tensión inflacionaria vinculada a la demanda que aumente los precios.
Ahora, ¿cuáles son las verdaderas consecuencias sobre la economía real, cotidiana? Salarios bajos, apertura importadora, tipo de cambio atrasado, lo que describía, alguno, creo que de ADIMRA, lo veíamos recién a Elio, contando que no anda ni el mercado interno ni la exportación, porque el tipo de cambio no sirve para exportar, excepto en sectores muy competitivos o con boom de precios externos, y también, obviamente, el mercado interno, porque si no hay dinámica del Estado, ni salarial, ni de ingresos, la demanda interna, el mercado interno, el consumo está pinchado. Entonces ustedes no venden. Nadie vende. O sea que el plan tiene estas medidas, su resultado es básicamente empobrecedor, recesivo y desindustrializador.
Como la guerra, le agregan una desregulación. Recién Kato comentaba que desde que aprobaron la Ley de Reforma Laboral, cuyo objetivo exclusivo era crear empleo, se perdieron 36.000 puestos de trabajo. Un fracaso absoluto. Desregularon, flexibilizaron, hicieron la reforma laboral, modernizaron el mercado de trabajo, inventaron quichicientas cosas, se está perdiendo empleo a lo loco, hay una sangría de empleo. Pero es el resultado todo de la misma política económica. Esto, lo pongo como un párrafo para empezar, desindustrializa, es recesivo, deteriora las condiciones de trabajo, primariza y precariza. Cuando uno habla de precarización, parece que hablara de condiciones de trabajo, pero a los empresarios también se le precariza la vida, se le precariza la vida a los jubilados, hay una precarización, un deterioro de condiciones de vida generalizadas. Les estoy contando esto porque nos dice el Gobierno nacional que la macro anda bien. ¿Dónde? ¿Qué?
Además, esto parte de una idea bastante absurda de que la macro es como una esfera que ocurre en el Olimpo, en un monte por allá, y la micro es la realidad de los que viven abajo de la montaña. No puede andar bien la macro pero pésima la industria. Porque ya ni hablo de la micro, los sectores, pésimo la construcción, pésimo la industria, pésimo, todo pésimo. ¿Y la macro anda bárbaro? No sé. Entonces quiero poner un mojoncito ahí. Si por andar la macro bien, se entiende estabilizar determinadas variables, por ejemplo, que no hay una corrida cambiaria, un brote inflacionario… O sea, la estabilidad sería el factor que dice que la macro anda bien. Yo quiero decir que con la estabilidad no alcanza, más allá de los problemas que está teniendo esta estabilidad. Además, ¿el desempleo qué es? ¿Micro? ¿El salario es micro? ¿El producto bruto interno industrial es micro? No es micro. O sea que la macro no anda bien. Anda horriblemente mal.
Si lo único que uno mira como economista, como macroeconomista, como analista, es la estabilidad de la variable macro, ahí quiero decir algo que pasa al segundo punto que quiero establecer. El primero es que este es un modelo añejo, fracasado, repetido varias veces, con resultados que estamos observando que son la debacle, que cada tanto hay que venir a recuperar, porque esto además genera, para sostener este tipo de cambio, un sobreendeudamiento, genera el carry trade y la bicicleta financiera, después esto va generando una montaña de deudas que se va rolleando, pero que alguien, en algún momento, tiene que venir a ordenar. Y ha pasado varias veces, montones de veces. Por eso digo que esto acumula tensiones que a veces se disimulan, pero que, por ejemplo, estos días se está hablando si hay dólares para los vencimientos del año que viene. Entonces Caputo dijo “sí, tenemos 75.000 millones de dólares”.
Después vino Milei y dijo “tenemos 150.000 millones de dólares”. Lo duplicó en tres días. Ahora, como son temas delicados, lo único que digo es que se acumulan tensiones complicadas. Complicadas. Y que si alguien pregunta si hay dólares para el año que viene es porque hay dudas sobre eso; yo no vengo ni a fomentarlas ni a retirarlas, simplemente digo que si hay que salir a explicar que la situación está controlada es porque hace falta explicarlo. Porque aparentemente ese sería el problema que está resuelto y evidentemente eso es complicado.
Segundo punto que quiero marcar. La macro, la estabilidad de las variables macro generales: tipo de cambio, salario, tasa de interés, por poner variables macro, clásicas, de modelos macro, incluso inflación, precios internos. Si uno pone esas cuatro variables, pueden estar estables, pongamos que uno las deja estable 10 años, pero hay que preguntarse un poco cuáles son los niveles, si el tipo de cambio es más alto que la tasa de interés o si los precios van a una dinámica mayor que los salarios y que la tasa de interés. Imagínense, cuatro variables: salarios, tasa de interés, tipo de cambio, inflación. Y ahí tenés, la pregunta es cuál es el nivel de las variables, no solo si están fijas.
Porque si los precios van por arriba de los salarios, tenés una sistemática caída del salario real. Entonces, podés tener fija siempre la variación, no es un solo número, y estar generando un deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores. Si la tasa de interés va siempre por encima del tipo de cambio, digo, para relaciones simples, entonces hay un negocio de carry trade. Porque el dólar va más lento que la tasa de interés, te conviene traer dólares, ponerlos adentro a tasa de interés en pesos y después llevártelos. Bicicleta financiera se llama en la Argentina. O sea que hay un tema de qué macro tenemos aún estando estable. Y yo digo que esta es una macro para la desindustrialización, que hay otras macro, que hay una macro favorable al mercado interno, aún sacando el problema de la inestabilidad.
Hay mucho escrito. Una macro para la industria, una macro para el desarrollo, una macro para desindustrializar, una macro para achicar. O sea que, aún si la macro anduviera bien en términos de estabilidad, podríamos discutir a quién beneficia ese orden macroeconómico. Claramente a ustedes no, claramente a la industria no, a los trabajadores no, a las provincias industriales, productivas no… Y agrego: claramente al pequeño productor agropecuario tampoco, a la economía regional tampoco, a la construcción tampoco. Es una macro que supongamos que yo la quiero congelar así con este nivel de variables, es lo que yo les decía: esto no va mejorar. ¿Va a haber consumo interno si el salario va cayendo? No, y si además no hay consumo interno, no hay producción, tampoco hay empleo; o sea, no hay por qué ver que el salario puede mejorar. Pero vuelvo a esto. Porque veo a mucho empresario comerse el caramelito de que esto está buenísimo, pero ya va a funcionar, o está buenísimo pero es el costo que tenemos que pagar para no sé qué.
Repito: esto no es nuevo, es la repetición de una historia que vivimos varias veces con los resultados de desindustrialización que tuvimos en muchos episodios. ¿Y esto cómo se arregla? Cambiando el régimen macroeconómico, cambiando la macro. Pero no quiere decir cambiar una macro estable, que más o menos, por una macro inestable. Quiere decir cambiar una macro que no es para el crecimiento, que no es para la industria, que no es para el mercado interno, que no es para el desarrollo, que no es para el bienestar general, cambiarla por otra macro. Hay un tema de régimen macroeconómico. Hay un tema de política macroeconómica. Y hay que discutir eso, porque si no uno dice “pero otra cosa es la industria”.
No, la industria tiene o no condiciones favorables. Sí, el tipo de cambio que uno lo puede ver en cualquier frontera de la Argentina, es conveniente comprar todo enfrente, aún los productos argentinos, me decía Gildo, que la gente cruza la frontera para cargar nafta en Paraguay. No produce combustible Paraguay, no tiene, es todo importado y sale más barato. Ahí hay un tema cambiario. Entonces, hay un tipo de cambio desfavorable a la producción nacional y a la exportación y al mercado interno. Después debaten: “atrasado, no atrasado”. Póngale el nombre que quieran. Digo, es desfavorable. No se puede competir ni siquiera en una frontera con alguien que vende cosas que nosotros tenemos y los otros no. Entonces no estaría sirviendo para algunas cosas, para otras sí. Pero es un modelo de país que a nosotros, a la provincia de Buenos Aires no le sirve.
Entonces quiero ir al segundo punto: creo que lo que anda mal es la macro precisamente, y tantas cosas más. Pero lo que anda mal es la macro porque favorece un régimen macroeconómico, una orientación de la economía del país, una matriz productiva que excluye a la industria, al mercado interno, al consumo nacional, al turismo nacional, a la construcción, al pequeño productor, a los yerbateros, a los tabacaleros, a los que hacen miel, excluye a todo el mundo.
¿Qué incluye esta macro? Hay ganadores, pero, repito: si no discutimos que está mal la macro, porque en primer lugar no logró plenamente el objetivo que se planteaba y todo lo demás lo destruyó, entonces me parece que hay espacio para eso. Pero, de nuevo, si es verdad que el régimen macroeconómico es el que está generando, o la política económica está generando esta desgracia, tengo una buena noticia: cambiando la política económica las condiciones pueden cambiar. Cosas que ustedes, cuando empezaban a contar su panorama: “hace 3 años que nos va pésimo”. ¿Y qué cambios hace 3 años? La política económica, el gobierno. Y no quiero decir que entonces antes todo estaba perfecto, pero me parece, claramente no, yo diría muchos aspectos todo lo contrario. Ahora, quiero decir: esta política económica va para este lado, los invito a ver cuáles fueron los resultados históricos de esta política.
Y lo tercero que quiero decir: es una desgracia aplicar este paquete de política económica en esta coyuntura. Alguien decía “hay oportunidades”. Nos estamos perdiendo una oportunidad impresionante como país. Nosotros somos una provincia productiva, una provincia industrial. Obviamente, la Provincia lo sufre específicamente. Pero es una desgracia total. Estamos en un momento donde todos los países del mundo están viendo cómo reconfiguran su matriz productiva para adaptarla a la nueva era, a la nueva etapa, a la nueva época internacional, geopolítica. No me voy a extender sobre esto, pero se está reconfigurando el planeta. Nadie sabe bien cuál es la estación final, pero todos sabemos, lo vemos, que la anterior ya terminó.
Que era un mundo unipolar con los organismos, las instituciones de Bretton Woods y las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Ese mundo voló por los aires. ¿Qué te dicen? Ahora no hay reglas. Lo vemos al presidente de Estados Unidos declarando guerras, guerras arancelarias; a otro sector, a otro grupo de países discutiendo la hegemonía del dólar y viendo medios de pago que no sean en dólar. A Trump diciendo “el que salga del área dólar, va a tener sanciones”. Se está reconfigurando el mundo. No sé si va a haber después dos áreas o si se va a recomponer de alguna manera. No lo sé, pero todos están viendo cómo se ubican ante estos cambios enormes, inmensos, que están ocurriendo.
¿Cómo hacen para reubicarse? Con política pública. Por ejemplo, Trump dice “te voy a poner aranceles” y le responden “nosotros vamos a hacer esto”. O asociándose con otros países. La Unión Europea, viendo cómo responde. Ahí hay una oportunidad. Se está reconfigurando el mundo. ¿Dónde nos ubicamos nosotros? ¿Dónde queremos quedar? ¿Cómo queremos quedar? Yo creo —esto lo expresé varias veces— que lo peor que podemos hacer es no meditar, no pensarlo, no reflexionar, no buscar y ver aquí qué nos conviene, qué nos sirve más.
Obviamente, la Argentina tiene una larga tradición de neutralidad en términos de conflictos internacionales y de multilateralismo en términos de asociaciones internacionales. Es una larga tradición, larguísima tradición. Creo que lo peor que se puede hacer acá es decir “ni pensemos. Vayamos atrás de decisiones que se toman en otro lado —por ejemplo en Estados Unidos o en Israel— y hacemos lo que nos digan”. Me parece que nos merecemos poder discutirlo de otra manera, porque hay enormes oportunidades. Yo les digo algo que no está claro o no se ve tanto.
¿Se acuerdan de cuando —yo era ministro en aquel momento— decían: “pero hay un viento de cola”? El famoso viento de cola. La economía crece, el salario crece, la distribución mejora porque hay un viento de cola. Bueno, ¿y qué era el viento de cola? El viento de cola eran los términos de intercambio de la economía argentina. Los términos de intercambio es una medida de los precios internacionales, de lo que vendés al exterior dividido —para simplificar— lo que comprás al resto del mundo. Precios de tu paquete de exportación, de tu canasta de exportaciones, contra precios de tu canasta de importaciones. Este año tenemos los mejores términos de intercambio de los últimos 125 años. O sea, lo que exportamos contra lo que importamos está en la mejor relación de los últimos 125 años. Si antes había viento de cola, ahora hay huracán de cola.
¿Qué hace la economía cuando tiene un mundo comercialmente favorable? Ve cómo lo aprovecha. ¿Cómo está haciendo el mundo entero para aprovecharlo? La verdad es que toma medidas de política industrial: desde acompañamiento en crédito, en el caso de Estados Unidos, el Gobierno norteamericano participa en empresas poniendo guita, poniendo capital en el paquete accionario para potenciar algunos sectores estratégicos, algunos sectores que quiere favorecer; entonces se mete ahí y toma decisiones; y después, trata de localizar en su país alguna parte de la cadena de valor que le parece conveniente. Y, en general, todos quieren ciencia, tecnología e industria.
Esa es la discusión del mundo. ¿Adónde va la industria? ¿Adónde se ubica, adónde se localizan los eslabones industriales de la cadena de valor? Y después hay países que tienen materia prima vinculada a energía, que tenemos un momento de auge, y también materia prima vinculada a los minerales estratégicos, a las tierras raras. Y el que lo tiene lo usa como un factor de negociación o como un factor de desarrollo propio.
Lo que estoy diciendo me parece bastante evidente. Todos los países del mundo hacen esto, menos uno que es la Argentina. Teniendo materia prima hoy muy valiosa, minerales críticos, estratégicos, energía, todos dicen “usemos esto para potenciar otros sectores, particularmente dos: industria y ciencia, tecnología, innovación de punta”. ¿Qué está haciendo nuestro gobierno? Todos lo están haciendo. Volvió, se puso en marcha la política industrial.En el corazón de estas usinas, hemos discutido la importancia de la política industrial en épocas donde la política industrial era mala palabra. Hoy vemos artículos, papers, ideas que salen del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, sobre que hay que hacer política industrial.
O sea que hay que pensar cómo balancear —por decir así— tu desarrollo para tener sectores industriales que todos saben que son muy multiplicadores, que tienen empleo de calidad, que están vinculados con sectores tecnológicos —y le agrego— que, además, son estratégicos, claves para la defensa nacional, porque todo el mundo sabe, todo el mundo menos una persona y varios que están por ahí, que es Milei. Nosotros, teniendo este boom de commodities, ¿qué tendríamos que estar haciendo? Primero, Milei agradeciendo que se recuperó YPF, porque es un factor que puede servir al desarrollo nacional. Nadie dice: “¿entonces qué vamos a hacer?”. Toda esa renta petrolera gastarla en subsidios para sectores atrasados. Fíjense, los sectores subsidiados hoy son los más competitivos, naturalmente. Se acuerdan de que cuando largaron el RIGI dijeron: “pero explotación de petróleo, petróleo a nivel del primer eslabón de la cadena, petróleo, gas, eso no puede tener RIGI porque esos sectores les va bien sin RIGI”.
El RIGI es un plan de promoción a un sector, típico también de los que están ahora de moda a nivel internacional que eran mala palabra hasta hace poco. La promoción es promoción fiscal, pero también cambiaria: condiciones especiales más favorables para un sector. Promoción industrial en la Argentina hubo varias veces, con mejor o peor suerte. Este gobierno llegó diciendo “voy a terminar con toda promoción sectorial” por una cuestión dogmática, teórica, que ellos lo llaman, creo que es una frase de Hayek, “la fatal arrogancia”. ¿Escucharon estas palabras? Ellos dicen que nadie que esté en el gobierno puede decidir a qué sectores favorecer, porque seguro se equivocan, porque el Estado siempre se equivoca y no puede ser tan arrogante de decir “voy a favorecer a tal sector, a expensas de otro o a ningún otro”. Están haciendo exactamente eso; después podemos discutir si nos parece demasiado, si es poco.
Nosotros tenemos un régimen de incentivo a inversiones, pero que tiene otros factores; nosotros premiamos los encadenamientos productivos, premiamos los componentes propios y locales, premiamos también la creación de empleo… Este es un RIGI sin ninguna contraprestación. Es muy excepcional, porque paga más impuestos una pyme de San Martín, o un kiosco; un maxikiosco tiene más limitaciones que un RIGI. Entonces, estamos haciendo una ley de promoción y fomento a un sector.
Para terminar, dos cosas que no quiero discutir. La primera, si ese sector se potencia, se acelera o no con el RIGI. Eso habrá que verlo con el tiempo. Yo creo que la mayoría de los proyectos que se están llevando adelante, la mayoría ya estaban, no son novedades, es un sector que funcionaba, pero tampoco lo voy a discutir. Ahora, lo que quiero decir es que si habilitamos fomentar, promocionar, promover a algunos sectores, ¿por qué algunos sí y otros no? ¿Y con qué parámetros? Primera cosa que digo, entonces, si vale hacer política para fomentar determinados sectores, discutamos a cuáles, por qué, para qué, y cuáles son las consecuencias de los resultados. Segunda cuestión que quiero plantear es que es mentira que tenemos que decidir si somos un país primario, minero, petrolero y que produce alimentos, o si somos un país industrial. Me parece una tontería total. Obviamente, tenemos que hacer las dos cosas.
Y si tenemos la virtud de en nuestro subsuelo tener determinados minerales muy valiosos, por lo menos ahora, porque el petróleo pudo estar a 9 dólares, ahora está a ciento y pico, pero sabemos que la fragilidad que tiene un proceso de producción o de orientación vinculada a commodities es que los precios de las commodities se fijan externamente y que son muy, muy volátiles. Supongamos que ahora se arregla el conflicto en Irán, supongamos que lo de Venezuela que hizo Trump ahora genera un incremento de la producción, ¿qué sabemos a cuánto va a estar el petróleo en dos años? Y decían que Vaca Muerta tiene umbrales debajo de los cuales no es rentable, no es factible producir.
Entonces, si vamos a poner todos los huevos en una misma canasta… Todos saben que depender de la exportación sin valor agregado, sin encadenamientos, sin generación de otros sectores... Es decir, ¿cuál es la enorme oportunidad? Con Vaca Muerta, con el litio, con el cobre, y desarrollar otros sectores también, y es el abecé. Así que ahora lo que estamos haciendo es increíble.
Estamos matando sectores que todo el mundo ambiciona tener, por ejemplo, ciencia, capacidad de innovación, universidad, todo; creo que varios países de la región envidiaron siempre la capacidad de generación de ciencia e innovación que tiene la Argentina, y la universidad argentina que tiene un prestigio, premio nobel, todos la envidiaron, la están destruyendo. Y otra cualidad de la Argentina es la de tener siempre, históricamente, hace mucho tiempo, un tejido industrial, con sus más, con sus menos, con lo que le falta, con lo que habría que mejorar, o diseñar, o como quieran. Pero lo que no podés hacer es destruir de manera plana toda la industria, incluso en lo que podés producir competitivamente le das condiciones excepcionales al importador para que lo traiga de afuera.
Voy a decir lo último. Si a mí me piden que diseñe un plan de destrucción masiva de la industria argentina, me parece que, como profesional, haría más o menos este. Más o menos esto. Destruí la industria, rápido, que no quede nada. Es más o menos este. Por eso les digo: tipo de cambio que no convenga, más tasa de interés inaccesible, más mercado interno desaparecido y destruido, más Estado en una situación de ajuste. Es esto. Destruí la industria, es esto. Por eso yo hablé, en la época Macri, de un industricidio.
Ahora digo que hay un plan de destrucción deliberado, masivo, de la industria nacional por gente que no es que no quiere la industria, sino que piensa que es mejor un país sin industria, o que le pagan, o tiene los intereses a los que están asociados, a los amigos de ellos, con ese otro modelo de financiarización y primarización, les va bien. Sobra un montón de gente, destruye un montón de cosas, cambia la trayectoria de la matriz productiva de la Argentina en el peor momento; repito, en el peor momento. Lo peor que está pasando es la oportunidad que nos vamos perdiendo de aprovechar este viento de cola que tenemos para generar un modelo de país que sea mejor que este que proponen.
¿Qué tengo para decirles a ustedes? Primero, que vamos a hacer de nuevo la ronda de negocios. Segundo, que tomamos la idea, ahora va a ir un grupo de empresarios a China, pero también lo podemos hacer, promocionando sectores de la industria provincial, cruzando y hablando con otros gobernadores, lo vamos a hacer, si ahora hay oportunidad de hacer esto, por supuesto, pero eso no va a poder competir con las condiciones absolutamente injustas y desfavorables para la industria nacional que genera el esquema macro, más algunos incentivos concretos que están haciendo de promoción de las importaciones, cosa que yo nunca vi en mi vida, pero hay una promoción de las importaciones.
La última contradicción que quiero señalar es que el gran beneficiario de todo esto parece ser China. El otro día veía la composición de las importaciones, el gran beneficiario parece ser China porque esos términos de intercambio tan favorables para la Argentina, en términos de precios baratos de lo que importamos y precios caros de los que exportamos, tiene que ver con la guerra y la crisis que hay en la energía a nivel internacional y en alimentos, lo cual encareció nuestras exportaciones y, al mismo tiempo, la guerra comercial que hay, un subproducto de esta etapa, donde los productos provenientes de Oriente, para decir en general, de Asia, del Sudeste asiático, no encuentran mercado porque otros países están cuidando la producción propia, aún encareciéndola, pero cuidándola.
Lo que no hace Milei, todos están haciendo eso. Entonces hay un excedente exportable que se lo enchufan al que no hace nada, básicamente a nosotros, contra, a expensas de la producción nacional. O sea, hay competencia desleal. Y yo creo que esto no puede enojar ni siquiera a China, que sabe bien en la situación en la que está y que tampoco le exige a la Argentina —por lo menos hasta donde yo vi— destruir nuestra propia industria; no es una exigencia, no es que nos piden, es más, creo que el mercado argentino casi no mueve la aguja como para decir “vamos a dedicar algo a eso”.
O sea que yo creo: uno, que tenemos una situación internacional muy favorable, y se está utilizando de la peor manera, se está desaprovechando. Y agrego, con el agravante de que nos condiciona para adelante. Porque estamos destruyendo las capacidades industriales que tiene la Argentina, lo cual los incluye a ustedes, empresarios. Hay países donde no hay capacidades empresariales como hay en la Argentina, porque no tienen una tradición de empresario industrial que es un empresario muy particular. Estamos destruyendo eso, al destruir empresas, al cerrar empresas, al hacerles la vida imposible. Así que vamos a hacer lo que tengamos a nuestro alcance desde el Gobierno provincial, con las herramientas que tenemos.
Este es un problema nacional, no tiene una solución provincial, lo dijeron ustedes, pero vamos a seguir poniendo a disposición el Banco Provincia, el Ministerio, el área de Energía, el área de Infraestructura para trabajar en conjunto con todo lo que tengamos, con todos los instrumentos que tenemos a disposición, en una situación complicada también para las finanzas públicas de la Provincia, de los municipios, de todo el mundo. Pero vamos a hacer lo que tengamos para poder generar vínculos y relaciones, porque yo creo —lo voy a decir muy a conciencia— que queda menos, que falta menos para que termine esta pesadilla. Pero, así como lo digo, los invito a trabajar para revertir esta situación. Hay que cambiar la política económica y la visión de la Argentina y la visión de en qué mundo estamos y hacia dónde va, no es solo cambiar alguna variable macro. Y creo que tenemos una enorme oportunidad con la industria argentina.
Nosotros hemos puesto satélites en órbita, para comentar algunos de los avances. Hacemos turbinas para represas. Tenemos capacidad en la metalmecánica, en la energética. Nosotros tenemos capacidad de proveer buena parte. Alguien me dice: “pero hay que hacerlo más competitivo, mejor calidad, más barato”. También hay que poner las herramientas del crédito, de la política pública para que eso ocurra. Hay que tener una planificación y hay que llevarla adelante. Pero creo que estamos bien parados para el mundo que se está delineando si no destruyen antes todas nuestras capacidades.
O sea que es muy importante estar comprometido con esto. Yo sé lo difícil que es, lo complejo que es. Nosotros —y ustedes saben porque muchos son clientes de nuestro banco, trabajan de alguna manera o de otra con el Estado provincial— vamos a seguir poniendo todo a disposición. Pero también hay que estar planificando lo que viene para que a alguien le resulte interesante, importante, atractivo, esperanzador lo que se viene. Entonces, también creo que a esta altura del partido es una invitación. Para nosotros las voces de ustedes son importantísimas, tanto para contar lo que pasa, como para contar experiencias de otro lado donde se está haciendo lo contrario, que creo que es el planeta entero. No es tan difícil decir “che, no venimos con algo que no se hace en ningún lado”. Todos los países del mundo están viendo cómo hacen para ubicarse bien ante los cambios que se van delineando, menos este. Seguro no destruir la industria, la universidad, la banca pública, capacidades que tenemos: culturales, históricas, industriales. Seguro que no.
Así que creo que eso está más cerca, la posibilidad de cambiarlo, pero hay que construir esa alternativa. Y es con las empresas también, con los empresarios, con las cámaras. Por supuesto que con las dificultades que tenemos todos es difícil levantar la cabeza el día a día, pero hay que dar esta discusión, si no alguien puede creer que hay que seguir esto mismo de subordinación, falta de ideas. Es muy chato, es muy pobre lo que nos proponen. Producir petróleo, ponerlo en un tubo y poner un barco y subirlo, y eso sería todo lo que podemos hacer con la energía, con la potencialidad energética que tenemos. ¿Es eso? Claramente no. Y alguien diría que es criminal pensarlo así.
Estamos en eso. Hay que discutirlo, hay que debatirlo. Mañana vamos a estar nosotros, y los invito a ustedes también, defendiendo la universidad, la universidad pública que tiene que ver con que todos los ingenieros que ustedes dicen que tienen, vienen, o buena parte vienen de ahí. Entonces, nos vamos a quedar sin universidad, sin ingenieros, sin educación técnica, sin torneros, sin laburantes. O sea que es todo parte de un mismo paquete, industria, universidad y capacidades soberanas. Sin industria no hay soberanía. Recién alguien decía que sin industria no hay Nación. Sin industria no hay soberanía, y tampoco hay Nación. Así que a defenderla.
Muchas gracias.