Se trata de Gabriela y Silvia Núñez, hijas del militante y delegado sindical secuestrado y desaparecido por la dictadura cívico militar en agosto de 1977.
No se registraron muertes relacionadas con la vacuna rusa y la mayoría de los eventos postvacunación fueron leves, tales como fiebre, cefaleas y dolor en la zona de la aplicación.