Graciela Martini, Néstor Dinotto, Daniel Pastorino y Adelaida Barón eran compañeros y amigos. El secuestro y asesinato de los dos primeros fue uno de los últimos operativos sangrientos de la CNU en abril de 1976.
Por Gabriela Calotti
Los cuerpos acribillados de Graciela Erminia Martini, de 22 años de edad, y de su novio, Néstor Hugo Dinotto, de 21 años, aparecieron en un descampado en el barrio Los Porteños de City Bell la madrugada del 5 de abril de 1976. Ya había comenzado la dictadura cívico-militar, el 24 de marzo de 1976, pero la patota de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), seguía actuando en La Plata con la brutalidad que la caracterizaba. Semanas después iban a cometer su último operativo: secuestrar la misma madrugada a tres muchachos estudiantes y delegados gremiales Guilermo Miceli, Carlos Sathicq y Horacio Salvador Urrera.
Gladys Noemí Dinotto, hermana de Néstor, y Adelaida Ursula Barón, sobreviviente de aquel primer operativo de abril de la CNU, relataron el miércoles al Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata qué ocurrió aquella madrugada, cómo, dónde y por qué ésta última y Daniel Pastorino salvaron su vida. Barón que ya testimonió en reiteradas ocasiones, volvió a afirmar que reconoció como parte de aquel operativo a dos de los imputados en este juicio oral y público que comenzó el 23 de febrero pasado. Se trata de Carlos Ernesto “El Indio” Castillo y Antonio Agustín “Tony” Jesús.
En el primer juicio contra la CNU platense, el tercer imputado, Juan José “Pipi” Pomares, fue identificado como partícipe de ese secuestro.
Castillo, Pomares y Jesús, considerados activos integrantes de la CNU, una banda paraestatal armada de ultraderecha peronista están imputados en este juicio por 13 víctimas, de las cuales 9 fueron asesinadas.
Las víctimas eran estudiantes con militancia política y/o actividad gremial en sus trabajos: Jorge Rosendo Ruda, Ricardo Arturo Rave, Alcides Emilio Méndez Paz, Daniel Rayson Midon, Carlos Alberto Sathicq, Horacio Salvador Urrera, Leonardo Miceli, Graciela Herminia Martini, y Néstor Hugo Dinotto. Las otras víctimas secuestradas y sometidas a tormentos son Walter Fabián Martini, Elia Zanata, Daniel Pastorino y Adelaida Ursula Barón. Nueve de ellos fueron asesinados. A la CNU se le atribuyen más de 70 asesinatos en La Plata y alrededores.
En presencia en la sala del juez subrrogante Fernando Minguillón como integrante del TOF Nº1, Gladys Dinotto hizo su testimonial de forma virtual desde Bahía Blanca para ello fue interrogada por el auxiliar fiscal Juan Martín Nogueira.
“El 4 de abril de 1976 mi papá recibe un llamado del hermano de la novia de él (ndlr: Roberto Martini) donde le dicen desesperadamente que los chicos habían desaparecido. Esa es la primera información que tuvimos acá en mi casa. A partir de ahí la angustia y desesperación de no saber nada. Recién al día siguiente que era lunes, lunes 5, por los medios nos enteramos de que los habían encontrado muertos, acribillados. Un amigo de mi hermano -que luego identificó como Carlos Caruso- vino a tocar el timbre y cuando salimos él nos dijo que había escuchado por la radio de que los habían encontrado. Esa fue la primera noticia que tuvimos de su asesinato”, relató Gladys Dinotto al iniciar su declaración.
Hacía cuatro años que Néstor, apodado “El gringo”, se había venido a La Plara para estudiar Medicina. Ella, que tenía 16 años, y sus padres, Rulando Dinotto y Juana Ventura Prieto, vivían en Villa Mitre, en la ciudad de Bahía Blanca.
Su padre se comunicó entonces con la familia de Graciela y junto con su abuelo, Juan Dinotto, viajaron a La Plata ese mismo día. “Lo tuvo que reconocer mi abuelo. Mi papá no pudo. Después lo trajeron a Bahía Blanca. El 7 de abril mi hermano fue enterrado en Bahía Blanca”, recordó la mujer.
“Mi papá se vino para acá. Tengo entendido que allá quería ir a la policía y un amigo que tenia mi papá le dijo que se volviera a Bahía. Después no supimos más nada”, explicó preguntada acerca de si la familia había hecho alguna gestión para saber qué había pasado.
Pero con el paso de los años, Gladys Dinotto empezó a buscar información y encontró en internet los nombres de dos personas que habían estado “en el hecho”. Logró comunicarse con ellos y hablar personalmente con Adelaida Barón y con Daniel Pastorino. “Ahí me contaron cómo habían acontecido los hechos”, precisó.
Contó que Graciela había ido con Néstor dos veces a Bahía Blanca para conocer a la familia. “Estaban planeando casarse, estaban buscando una casa para poder alquilar. Estaban por fijar fecha de casamiento”.
Consultada sobre la militancia de Néstor, contó que a veces los chicos les mandaban “algún recorte por lo que ellos estaban luchando” y explicó que recién en 2022 cuando la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) entregó legajos de reparación histórica de estudiantes asesinados “entre los datos cuentan que militaba en la Juventud Peronista”.
Tras el asesinato de Néstor, la vida de su familia “cambió drásticamente. Mi mamá, creo que la muerte de un hijo no se supera nunca, mucho más por las circunstancias en las que murió él”, alcanzó a decir ya con la voz temblorosa por la angustia de aquel recuerdo. “La vida para nosotros no fue la misma. No se festejaron más fiestas de fin de año por un tiempo. Se derrumbó todo. Yo incluso ni salía porque no me dejaban salir, tenían miedo mis papás”, aseguró Gladys que en aquellos años estaba en plena adolescencia.
Inclusive contó que tenía intenciones de venir a La Plata o a Buenos Aires a estudiar Odontología pero “desistí porque no quise decirle a mis padres que me iba a estudiar. Hubiese sido un golpe que no creo que hubiesen soportado”, confesó.
“A cincuenta años, sigo recibiendo mensajes de ex compañeros, algunos que están acá en Bahía blanca (…) El último cumpleaños recibi un mensaje de ellos que lo tenían muy presente. A 50 años de su asesinato, lo siguen recordando”, afirmó al concluir su declaración.
Los otros dos jueces del TOFNº1 designados para este juicio, María Gabriela lópez Iñiguez y Jorge Gorini siguieron esta audiencia número 11 por zoom. También de forma virtual lo hicieron los abogados por las querellas particulares de las familias Rave y Urrera, Pablo Llonto y Rodrigo Cano; y los abogados de los imputados, Fernando Castejón, Juan Domingo Pesquera, y los defensores oficiales Lisando Sevillano y Natalia Caprarulo. El fiscal general Gonzalo Miranda también siguió la audiencia por zoom.
En la sala estuvieron en cambio presentes los auxiliares fiscales Juan Martín Nogueira y Ana Oberlín. Las abogadas Verónica Bogliano y Camila Gerini por la Subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires y Guadalupe Godoy por la Liga Argentina por los Derechos Humanos.
Los tres imputados siguieron la audiencia por zoom: Castillo y Pomares desde la Unidad Penitenciaria Nº34 de Campo de Mayo y Jesús desde la domiciliaria en Villa Elisa.
Una sobreviviente de la CNU
Adelaida Ursula Barón, sobreviviente de aquel secuestro la noche del 4 de abril de 1976 pidió que su imagen no fuera exhibida por las plataformas para que no la vean los imputados y pidió no verlos a ellos tampoco durante su declaración que no obstante fue presencial ante el Tribunal.
Interrogada por Oberlin, Adelaida Barón recordó que en aquellos años Daniel Pastorino era su marido. Se habían casado el 28 de mayo de 1975. “Graciela era mi amiga desde el primario (…) A Néstor lo conoció porque mi ex pareja se lo presentó a Graciela. Militaba junto con Néstor”, explicó al Tribunal. Graciela había sido testigo de su casamiento.
A Graciela la conocía del colegio en Villa Elisa. Vivían a unas 10 cuadras. Primero eran compañeras y terminaron siendo “más unidas, terminamos como hermanas”, contó, antes de recordar que Graciela era una muchacha “sufrida” porque tenía que ocuparse de la casa, de cuidar a su madre -Elia Zanata -con discapacidad y a su hermano menor, Walter. “El padre era muy estricto”, comentó.
Aquel 4 de abril habían decidido ir a comer una pizza cerca de Plaza Italia porque “hacía mucho que no nos veíamos”. Contó que Graciela militaba y que estaba muy enamorada de su novio. “Esa noche charlamos, nos reimos, ella hablaba de su boda”, contó. Hasta el centro platense habían ido en el Siam Di Tella que era del abuelo de Daniel. “Yo había cumplido 22 el 1 de mayo; Graciela tenía 22. El más joven era Daniel que tenia 19 o 20 años”, precisó. Militaban en la JP de base, pero en barrios diferentes, indicó luego en su relato. Daniel trabajaba en Astilleros, Néstor estudiaba y Graciela limpiaba casas, dijo. Adelaida trabajó en fábricas con su papá, en Transradio y luego en Fapeco, entre otras.
Volviendo a medianoche fueron primero a dejarla a Graciela que vivía en el Barrio Parque San Jorge 34. “Cuando pasamos por la casa de ella para dejarla, ella ve que se recorta una figura en el vidrio de la puerta (…) y pensó que era el papá. El papá no permitía que ella dejara a su madre sola con su hermano menor. Entonces se asustó mucho Graciela. ‘Demos otra vuelta porque mi papá me va a matar. Está ahí. Ya volvió. Yo no sabía que iba a volver’, dijo según el recuerdo de Adelaida. “Pero cuando dimos otra vuelta no nos percatamos que había dos coches estacionados a la vuelta de la casa de ella. Cuando volvimos a pasar, dijo ‘ah todavía no se fue a dormir’”, relató.
“Entonces cuando dimos la segunda vuelta nos empezaron a seguir esos dos coches que estaban en el lugar. Lo que yo recuerdo era un Peugeot 504 y el otro era un Torino. Nos empezaron a disparar porque nosotros aceleramos (…)
Cuando le pegan a las ruedas, nos tenemos que detener justo en un kiosco en Centenario y por la Piria (más viniendo para La Plata). El kiosco sigue estabando exactamente igual”, aseguró.
“Nos sacan del Siam, nos ponen contra la pared en la ochava del kiosco. Se ve que la estaban buscando a ella”, adelantó y comentó que en el barrio “había rumores de que estaban preguntando por Graciela”. Adelaida Barón aseguró que le dijo a ella que “se tenía que ir” del barrio, pero para Graciela Martini era impensable: “no puedo dejar a mi madre y a mi hermano. Mi papá no lo va a permitir”.
En su relato precisó que los pusieron a los “cuatro contra la pared. La sacan y la empiezan a golpear. El que yo recuerdo tenía traje de fajina y botas. Lo dimensioné alto. A mi ex pareja le dieron dos culatazos en la cabeza que le sangraban”, recordó. “De ahí nos hacen un simulacro de fusilamiento y nos meten en el Peugeot en la parte de atrás a los 4. Nos pusieron una manta encima o algo. Yo podía ver”, dijo antes de precisar que “adelante iba el que yo decía que se parecía a Miguel Angel Solá, pero era el Indio Castillo y hablaba por walkie tokie con un Torino que iba a la par”.
Los llevaron a un lugar donde se escuchaban ruidos de animales “gallinas, patos (…) escuchaba como si estuviéramos en una granja. Después me enteré de que era a los fondos de la Facultad de Veterinaria”, afirmó.
“Primero la sacan a ella, la meten en lo que yo creía era un furgón y después me enteré que era una casilla rodante. La torturan a ella. Su novio lloraba desconsolado. Yo rezaba. Pobrecito Néstor que lloraba tanto. Cuando terminan con ella por decirlo de alguna manera (…) la arrojan en el baúl del Peugeot 504.
“Cuando lo sacan a él y se escucha la puerta de la casilla rodante, sentimos un grito que en mi vida… como cuando agarran a los lechones para las fiestas. Fue un grito inhumano, era una grito casi animal. Después me entero de que lo habían tajeado en los testículos, eso me llegó a mí”, afirmó mientras “Graciela gemía desde el baúl” donde lo metieron después a Néstor.
Entonces relató que fue luego cuando apareció “otro integrante en escena: un hombre mayor por la voz. Cuando mira mi documento me pregunta qué soy de Walter Barón. Le digo que es mi hermano. Me pregunta donde estudia. Le digo que estudia en el Instituto Goethe y que trabaja en Entel” y entonces me dice ‘qué hacés vos que venías de una familia tan católica con esta gente?’”.
Frente al Tribunal, la mujer aseguró -como hizo en 2017- que su hermano “militaba en Tradición, Familia y Propiedad. Se puede decir un ‘seminazi’ muy aferrado a esas creencias de derecha o facho diría yo. Mala persona mi hermano”, que inclusive, en algún momento llegó a decirle a su madre que Adelaida también la tendrían que haber matado.
Ese hombre que intervino “me pasó la mano por la cabeza y todavía me da escalofríos. ‘A estos chicos no los tocan’, dijo. Pero primero preguntó si Daniel Pastorino era mi marido legalmente. Le dije que sí”. Entonces los subieron al Torino y los dejaron en la 520, según sus recuerdos. “Mientras vamos, el que conducía, se da vuelta, nos mira de frente y nos dice ‘de este hecho y de nuestras caras, se olvidan porque si no, son boleta’. El que nos estaba mirando era Tony Jesús”, sostuvo Barón sin dudarlo.
Al día siguiente, su hermana con el diario en la mano le dijo que “habían encontrado los cuerpos de ellos dos en un descampado por City Bell. Tenían según parece como 32 o 33 balazos y un tiro de gracia”, refirió. “Después me enteré de que era el modus operandi de esta gente” y dijo que durante el secuestro “por sus actitudes estaban muy alterados. Con el tiempo supuse que esa adrenalina era porque estaban con merca”, precisó. El 5 de abril se enteraron de que el secuestro y asesinato de sus dos amigos había sido obra de la CNU. “A mi ex marido le habían confirmado que habían sido ellos”, sostuvo.
Fue un primo de Graciela, Gianni Martini, fallecido durante la pandemia de Covid, quien le dijo que los habían llevado “atrás de la Facultad de Veterinaria”.
Barón contó que en aquellos días “no pude enfrentarme a ellos porque yo había sobrevivido. No podía explicar. No podía”, dijo en relación a la familia de Graciela Martini.
Supo que al cuerpo de Néstor lo había venido a buscar su familia desde Bahía Blanca “y no hablaron con nadie”.
El padre de Adelaida, Eriko Jorge Barón había llegado a la Argentina embarcado por su madre desde Alemania luego de atravesar la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Acá la conocio a su mamá en Dock Sud. Su papá era técnico en electrónica y trabajaba en la CHADE. Tenía dos hermanas, una de ellas fallecida y su hermano Walter Gerardo, que en el momento del secuestro por parte de la CNU tenía 24 o 25 años.
Recordó que el día del golpe de Estado, el 24 de marzo de 1976, “no dimensionábamos lo que iba a pasar”.
Barón explicó que su primera declaración -durante la etapa de Instrucción- fue en 2011. Luego la convocaron a un reconocimiento fotográfico. “Había un fiscal (de apellido Boto) que a mí no me gustaba. Me habían dicho que yo estaba en peligro y desconfiaba. Cuando veo el album de fotos, sí lo reconocí a Jesús y a Castillo (pero) dije que no porque tenía desconfianza”, aclaró. Aseguró que el nombre del “Indio” Castillo circulaba en la ciudad.
Interrogada acerca de la identidad del hombre “mayor” que intervino para que la liberaran a ella y a su marido, dijo que no recordaba aunque admitió que “se barajan muchos nombres, dos o tres con mayor asidero”.
Después del ataque de la CNU ella y su marido se fueron a Capital y al Chaco entre otros lugares.
Sabía lo que había pasado en diciembre de 1975 con Ricardo Arturo “Patulo” Rave, una de las víctimas de este juicio. ¿Sabés qué pasó con Patulo Rave?, le preguntó la fiscalía.
“Fueron los mismos y lo encontraron colgado de un puente. Sé que ellos (ndlr: la CNU) estuvieron presos”, agregó.
“No sé tener odio pero quiero que el juicio que no tuvo nadie en esa época, lo tenga esta gente pero hay solamente pocos”, reclamó antes de asegurar que “no los registro como humanos (…) esta gente era calaña”, sostuvo Adelaida Ursula Barón, quien en otro tramo de su declaración afirmó: “los argentinos somos bastante pacíficos. Nunca ningún padre salió a buscar venganza”.
Luego tres abogados defensores de los imputados, Castejón -letrado de Jesús-, Caprarulo y Sevillano -de Castillo- se dedicaron a interrogar a la testigo sobreviviente acerca de si había o no reconocido a sus clientes como integrantes de aquella banda, en un intercambio agotador que dio la impresión de que no escuchan realmente los testimonios y avanzan con intenciones de confundir a testigos que están declarando 50 años después de aquella tragedia.
Así Castejón, por ejemplo, la inquirió sobre un reconocimiento fotográfico del 10 de junio de 2011. “Le muestran una serie de fotografías y usted dice que no reconoce a nadie”.
“No quise nombrar a ninguna porque esas personas estaban vivas y tenía miedo. Reconocí a Jesús y a Castillo. Me mostraron fotos de esa época, de los 70. Era muy claro reconocerlos. Yo dije que no reconocía a ninguno”, volvió a explicar antes de precisar que poco antes casi se los había cruzado “en la secretaría de Derechos Humanos a donde ellos habían ido a pedir la pensión como víctimas de la dictadura”.
“¿Por qué tenía miedo si dice que no recibió ninguna amenaza?”, insistió el abogado Castejón. “Creo que todo aquel que vive un hecho como el que yo viví, queda marcada para toda la vida” y agregó: “recién pude hablar del hecho después de mi primera declaración”.
“Tenía miedo porque aparte sabía que ellos estaban sueltos, que no habían tenido testigos de muchos de sus crímenes y aberraciones. Lógico tenía miedo. Eso no me averguenza decirlo”, afirmó la sobreviviente.
Castejón insistió con “confrontar” con otras declaraciones de Barón del 13 de abril de 2011 con su declaración ante este tribunal. Por ejemplo por qué no dijo en 2011 que habían sido sometidos a un simulacro de fusilamiento.
La colega de Castejón, Natalia Caprarulo, llegó a preguntarle en qué auto los metieron luego del simulacro de fusilamiento y en qué orden subieron al auto. “¿Cuándo la suben al auto la suben a la parte trasera?”, le preguntó la abogada. “Sí, primero a mi, a mi ex pareja, a Graciela y después a Néstor”, respondió Barón.
“¿De qué lado del auto quedó?”, insistió Caprarulo. “De la izquierda, contra la ventanilla”, respondió la testigo.
Luego la misma abogada dio vueltas alrededor de la declaración de Barón respecto de que reconoció por fotos a Castillo porque la noche del secuestro le había quedado grabado el parecido de uno de los atacantes con el actor Miguel Angel Solá. “¿Cómo conecta al actor con quien ahora dice que pudiera ser Castillo?”, insistió la abogada.
“Al Indio lo vi en cuclillas hablando por walkie talkie. Y lo vi de perfil y le veo la nariz igualita a la de Solá”, respondió, antes de subrayar que Solá era un actor “muy conocido”.
Sevillano volvió con el mismo asunto. Barón respondió tajante: “disculpe, no sé quién no conocía en esa época a Miguel Angel Solá. Era más conocido que la ruda”.
La próxima audiencia, número 12 está prevista para el lunes 1 de junio a las 11.30 hs.
La CNU, brazo universitario de la Triple A, actuaba con una brutalidad extrema, en zonas liberadas por la policía bonaerense y el Ejército y abandonaba los cuerpos de sus víctimas en lugares públicos, algunos alejados de la ciudad, como caminos, arroyos o la vera del Río de La Plata. Gran parte de la militancia de entonces conocía a los integrantes de la CNU, entre los cuales los más expuestos, porque además iban a ver partidos de fútbol en La Plata, eran Castillo y Pomares. Los miembros operativos de la CNU rompían asambleas, irrumpían armados en facultades y amedrentaban a quienes militaban y con quienes compartían lugares de trabajo, según numerosos testimonios de jóvenes de entonces.
Las audiencias de este segundo juicio contra la CNU platense, son mixtas, es decir presenciales con público en la sala y virtuales. Son transmitidas en directo por los canales de Youtube del Poder Judicial (https://www.youtube.com/@pjn-videoconferencias); por la página web del Centro de Información Judicial (CIJ) (www.cij.gob.ar); y por el canal de Youtube de La Retaguardia TV, único medio de comunicación que desde hace años transmite en directo juicios por delitos de lesa humanidad (https://www.youtube.com/user/laretaguardia).