
El 14 de marzo se conmemora el fallecimiento del brigadier general Juan Manuel de Rosas. En esta fecha pueden recordarse las principales acciones navales de sus gobiernos (1829–1832 y 1835–1852), vinculadas a la defensa de la soberanía y de la libre navegación de los ríos interiores, así como a la resistencia frente a bloqueos internacionales orientados a controlar el comercio exterior.
Las potencias europeas, en particular Inglaterra y Francia, presionaban para abrir la libre navegación con el objetivo de acceder directamente a los espacios de consumo del interior y ubicar así sus manufacturas. Esa intención podía poner en riesgo todo el esquema construido en función del control del comercio exterior con eje en Buenos Aires y la gestión de la aduana.
Durante la gestión de Rosas, la función estatal y provincial se orientó a afirmar la soberanía sobre ríos y mares mediante una combinación de política económica, regulación aduanera, expansión territorial y defensa naval. A continuación, se ordenan los elementos que muestran ese papel de Rosas en la conformación y consolidación de la soberanía fluvial y marítima.
El modelo provincial se sostuvo en la inserción internacional primaria: exportación de productos pecuarios —especialmente lana— hacia Inglaterra. El fuerte crecimiento de la explotación ovina y la multiplicación de las exportaciones de lana entre 1837 y 1850 consolidaron el rol logístico y estratégico del puerto de Buenos Aires y generaron excedentes a través de la gestión de la aduana. Esa centralidad económica convirtió al control de las vías navegables y del acceso al comercio exterior en un objetivo estratégico para la provincia y para la política de Rosas.
La Ley de Aduanas de 1835 protegió la producción local frente a manufacturas importadas, ayudó a sostener el desarrollo agrícola e industrial de Buenos Aires y estableció una larga lista de artículos prohibidos de importar. Sus efectos fueron los siguientes: económicos (mejorar la competitividad de productores locales) y políticos (atender demandas de las provincias del interior y consolidar apoyos regionales a Rosas). Aunque la ley no suprimió el monopolio portuario porteño ni permitió la libre navegación de los ríos —por lo que no redistribuyó completamente la renta aduanera— facilitó reembarcos y transbordos para provincias litorales y favoreció el intercambio terrestre con el interior, fortaleciendo así la posición bonaerense en el control de la cuenca del Plata.
Rosas impulsó la expansión de la frontera sur mediante campañas militares, incorporando tierras aptas para la ganadería y reforzando el modelo económico exportador. En este marco promovió la creación y consolidación de puntos nodales para defensa y logística, destacándose el puerto y el fuerte que originaron la futura ciudad de Bahía Blanca. Esos asentamientos cumplieron funciones estratégicas en la proyección de la soberanía sobre el litoral atlántico.
La provincia —en tiempos de Rosas— apoyó la instalación de Luis Vernet en la Comandancia de Malvinas para consolidar un asentamiento permanente y organizar la explotación de recursos marinos. La captura de buques norteamericanos por caza ilegal de lobos marinos y la posterior reacción estadounidense (bombardeo de 1831) mostraron la vulnerabilidad del control insular. La ocupación británica de 1833, ocurrida mientras Rosas no gobernaba la provincia, implicó la pérdida de un espacio marítimo clave, subrayando la importancia estratégica del Atlántico Sur para el comercio regional y para la soberanía que Rosas buscó preservar.
Las potencias europeas (principalmente Inglaterra y Francia) presionaron por la libre navegación de los ríos interiores para acceder directamente a los mercados del interior y desplazar la intermediación porteña. Esa pretensión amenazaba el esquema económico y aduanero centrado en Buenos Aires. La escalada culminó cuando las flotas europeas intentaron forzar la navegación por el Paraná y las fuerzas de la Confederación, bajo mando de Lucio Mansilla, resistieron en Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845). Pese a la superioridad militar europea y al avance río arriba, la confrontación y su costo político contribuyeron a que, en 1849, las potencias reconocieran la soberanía nacional sobre los ríos interiores, validando diplomáticamente la defensa rosista de las vías navegables.
La administración de la aduana por la provincia de Buenos Aires —y su uso para sostener la política interna y externa— convirtió al control de la cuenca del Plata en una disputa geopolítica. La defensa territorial (frontera sur, puertos como Bahía Blanca), la proyección insular (Malvinas) y la resistencia frente a bloqueos y presiones navales (bloqueos y Vuelta de Obligado) forman un bloque coherente de políticas mediante las cuales Rosas buscó conformar y consolidar la soberanía sobre ríos y mares.
Dentro del conjunto de políticas provinciales y nacionales de la época, la acción rosista integró medidas económicas (protección y control aduanero), expansionistas (frontera sur y nodos portuarios) y defensivas (respuesta a bloqueos y defensa de las vías fluviales) que contribuyeron a la conformación y consolidación de la soberanía sobre ríos y mares.
Fuente: adaptación del capítulo “Breve historia económica. Modelos de acumulación y puertos bonaerenses”, Juan Cruz Lucero. “En los muelles”, Ediciones Bonaerenses (2026).